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Es Navidad

Lorenzo Madrigal
13 de diciembre de 2015 – 09:00 p. m.

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El solo nombre suena a campanas, luces y cintas de colores verde y rojo.

En cualquier edad en que estemos y con los padecimientos y agobios que tengamos, la magia se da. Porque es magia la Navidad y son más que conocidos sus inocentes trucos, su Papá Noel, su nieve de ilusión, sus renos irreales, su rancho de paja y la pobreza de un pesebre en suntuosas residencias o en iglesias doradas. Es Navidad.

Tiene el embrujo de serlo y el de haberlo sido, ya que la infancia, si fue alegre, nos llega con el recuerdo de los regalos, al amanecer del 25; con el olor a pólvora, hoy tan prohibida, acertadamente prohibida, recordada, sin embargo, por quienes fuimos favorecidos de no haber sido niños accidentados.

Tiempo de encuentros aplazados o convenidos, si fue que se cumplieron. Época de nostalgia por las personas más queridas. Así como la pólvora nos parecía que olía delicioso, el sabor de la pesada natilla o de los buñuelos grasientos, que no han desaparecido, nos impactan otra vez el paladar y nos traen, del más allá de la memoria, aquellos días de final de estudios y de largas vacaciones caseras.

A mis años, he comprado un pequeño pesebre de buena factura ( y de módica factura comercial). Tenía y tengo viejas figuras incompletas, algunas rotas y un Divino Niño, divino (ojos de vidrio, etcétera). Aún no sé si armo el andamiaje completo, la arena y los caminos de Belén, en la esquina de un cuarto. Me ayudan, pero es tan pesado hacerlo y el pesar de la vida confieso que añade un sobrepeso. Pero ha nacido Jesús (“¡O Jesu parvule!”, “Oh Jesús, niño!”), y no hay más que decir. Es Navidad.

Es bueno no pensar por unos días en nuestros problemas personales ni en los del país, que llegan sin pausa con las noticias, por fortuna no con las responsabilidades directas. Unos días de poder dormir, si los años nos dejan, si el trabajo, que no cesa, permite ratos de menor agobio para poder mirar, al menos, la estrella que pestañea en la copa del pino.

¿Qué pasará en la mesa de La Habana? No me imagino que haya un mayor reconocimiento a las fechas natales de Cristo, pese a ser fiesta universal que se celebra, aun en los campamentos de prisioneros o en las cárceles políticas. ¿Le ofrecerán hallacas, con su amargo delicioso, al prisionero de Ramo Verde, en Caracas? Tal vez la dictadura permita que su valerosa mujer le lleve los niños, toda vez que por la victoria de la oposición, la situación del detenido puede haberse agravado aún más. Un aliento de alegría para Leopoldo López. Es Navidad.

Cuánto mejor que hubiera paz en Colombia. Una paz de buena fe, que no pretenda voltear el país, de modo que caiga en la pérdida de las libertades individuales, de su integridad territorial y de sus principios fundacionales, una paz entre hombres de buena voluntad. Y así debiera ser, no sólo porque es Navidad.

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