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VLADDO ES OTRA COSA. PERDÓN, primero lo presento: Illich Vladimir Flórez Flórez, por seudónimo Vladdo, familiarmente Diego (47, casado, una hija, separado, caricaturista, editor, omnipresente, viajero, feminista, pésimo uribista, ególatra, acólito, librepensador) y es él quien celebra por estos días los 25 años de haber hecho su primera caricatura en La República (y también en la república).
Se extrañarán que haya dicho “pésimo uribista”, pues, si bien Vladdo nunca ha sido uribista, ni bueno ni malo, ocurrió lo siguiente: un día Luis Alberto Moreno lo invitó a una fiesta finquera en Antioquia, que resultó ser de caballistas, a la que iría, desde luego, el Número Uno. Vladdo asistió, creyendo ir en nombre de la oposición. Exageraba. Y Uribe lo enredó en el jueguito aquel del tinto que no se derrama y colocó a nadie menos que a Vladdo, para quien todo es una fiesta, en el punto-centro de los relinchos de sus bestias.
El cuento va largo. Amigos suyos como Lorenzo temieron que el amigo se les estaba yendo para las toldas oficialistas y lo llamaron al orden. Cordialmente, no como hace Caballero con sus colegas, a quienes mira un escalón abajo de su indiscutible genio. Uribe siguió cultivando la amistad del caricaturista, muy a pesar de los jamelgos que le rebuznaron a éste en la oreja y hasta lo llamó cuando murió el padre de nuestro amigo, en el extremo sur del país.
La amistad duró poco pues Vladdo continuó mortificando al régimen, al comisionado, al ministro, hoy presidente (a quien ya debería aliviarle la carga, porque, como se vio, ya no sabe ni lo que es). Uribe le quitó el saludo. Cuando Vladdo, asomado a Caracol Radio —él aparece donde menos se espera—, quiso entrevistar al presidente del octenio, éste le volteó la cara, no le dijo como a los otros: doctor Arizmendi, doctor Gustavo, nada de doctor Vladdo, lo ignoró.
Pero Flórez llegó, a brazo partido, a la cima del éxito. No se diga con las mujeres, que se ven interpretadas, casi interceptadas por su creación de Aleida, en temas como el despecho, la viudez de la separación y los pormenores de catre.
Muchas cosas podrían decirse de Vladimir Flórez y otras que él seguramente quisiera agregar. Es muy buen tipo, aunque algunos lo ven algo prendado de sí mismo. Casi todos lo somos, puesto que en la inevitable e indesasible compañía de nuestro ego caminamos hacia las metas propuestas. Lo que a veces le sucede a Vladimir es que no se da cuenta de que ya llegó y de que las metas están cumplidas.