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«¡MAMÁ, MIS HIJOS!», ESTA EXCLAMAción, salida de labios del líder Luis Carlos Galán, como si lo espantara de repente un mal presagio, la conocí por la prensa y se me hundió en el alma. El candidato llegaba a la mesa de comedor de su casa y tenía en su agenda la manifestación de Soacha, para esa tarde de tragedia.
Hoy, muerto él, asesinado esa tarde, muerta años después su querida madre, viven en esplendor sus tres hijos. Todos preparados y, al parecer, motivados para la acción política.
Los dos menores han respetado la primacía del mayor, casi diría la primogenitura de Juan Manuel, hoy en día senador de la República. Mas, para sorpresa de muchos, el “cuba” de los tres, Carlos Fernando, viene dando un salto gigante: primero como concejal, denunciante de los graves y oscuros asuntos del Distrito y ahora mismo como precandidato a la Alcaldía Mayor.
Este jovencito impetuoso dice tener fuerza para enfrentarse, si fuera el caso, al propio Álvaro Uribe, también si el caso fuera. Para el expresidente Samper, es Uribe el candidato guardado de la U, una vez haya quemado maliciosamente a Enrique Peñalosa.
Ahora bien, si el enfrentamiento fuera entre Galán y Peñalosa, aunque la diferencia de edades y experiencia es notoria, alguna ola podría crecerse en favor del hijo de Luis Carlos por su juventud atrayente, por su corta historia limpia, por sus denuncias, que otros no hicieron oportunamente. Por lo demás, Galán es apellido garantista y para la propaganda le bastaría con tomarse fotos al lado de su hermano Claudio, viva imagen del mártir (el de la ilustración ).
Peñalosa, prestado a Uribe por el Partido Verde, quedó enredado en la contradicción de dos banderas que se enfrentaron en el inmediato pasado. Entre el No Todo Vale de Mockus y el Todo Vale, que se infiere, de Uribe, saltaría sobre brasas el exalcalde, mal político y algo distraído ejecutor.
No desestimo a Davidcito Luna, por el Partido Liberal, estudioso de la ciudad y de temas urbanos, a quien le faltó irrumpir con más fuerza contra la inmensa corrupción que otros avizoraron a tiempo. Entre éstos, el concejal De Roux con gran vigor, quien en buena hora se ha deslindado del partido gobernante de la ciudad. Por ahí empieza a sonar en un movimiento, que han bautizado “Progresista” (manido nombre), pero pienso que lo acecharán las obligaciones de bancada.
El tema de la futura Alcaldía copará el resto del año. El Transmilenio por la séptima, a mi juicio, terminará por no hacerse. Se perderá o ya se ha perdido un buen dinero en estudios, no tan grande como “la platica” que se perdió por la contratación y los precandidatos le sacarán el cuerpo al septimazo, iniciativa cuestionada como pocas. El año electoral dirá la última palabra sobre el tema y definirá al sucesor de los Moreno.