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Grandes definiciones

Lorenzo Madrigal
24 de agosto de 2020 – 12:01 a. m.

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Padeceremos marcaciones y rumbos nuevos a finales del año. Noviembre será decisivo. Los Estados Unidos tendrán un nuevo mandatario, que puede ser el mismo; la pandemia habrá mostrado si ha comenzado a ceder o si permanece para darnos un nuevo año de picos y llanos y datos inmisericordes.

La vida nacional seguirá girando en torno al desastre económico que nos deparó este año de naufragio, bisiesto por lo demás; podría volver el confinamiento de las personas, que ha angustiado tanto a viejos como a jóvenes, y en lo político, terminar por registrarse el avance de la izquierda y el desentono de las fuerzas de centro.

Qué bueno que Joe Biden resultara electo en el país del norte, pese a ser un mal candidato. No mucha preparación y fuerza interna se requieren para ser presidente de los Estados Unidos y hasta se dice que este país anda solo, automatizado por su Departamento de Estado y demás factores de poder.

Biden tiene sus años y a quienes somos mayores nos anima a seguir viviendo y sirviendo para algo. La edad se nota en todo, en el giro del cuerpo, en la fragilidad al caminar en espacios vacíos (especie de agorafobia), no tanto en las canas, pero sí en el rostro congestionado y rojizo de su tipo temperamental, caso Biden. Pero se ve que es un viejo querido y que no convertirá la sala oval en un lugar tormentoso, como ha afirmado de Trump el expresidente Clinton en muy breve discurso de la Convención Demócrata. Ni que vayan a responderle a Clinton nada relacionado con el salón oval.

Pero son muchos, casi todos, los expresidentes norteamericanos que acompañan al buenazo de Biden, más tres mujeres claves en ese país, la popular Michelle Obama, a quien seguramente se le propuso la vicepresidencia; Hillary, de probado séquito, y quien lidera en el Congreso, Nancy Pelosi. Es difícil que el presidente candidato remonte la diferencia que le está cobrando, en la fecha de este escrito, el demócrata Joe Biden, que es de 12 puntos porcentuales.

***

Aquí solamente oteamos el tema americano como desde un ojo de buey. Nos interesa, eso sí, y mucho lo que allí pase en noviembre, cuando por acá estaremos todavía debatiéndonos sobre la competencia en el proceso de Uribe, que es punto neural dado que se está llevando a juicio a un expresidente de la República. Un caso así mueve los cuadros políticos y los jueces caen bajo sospechas de parcialidad.

Las cosas terminan de la manera menos esperada. Siempre sorprenderá que los revolucionarios, luego de romper todas las reglas del derecho y de ser favorecidos con amnistías e indultos, de la noche a la mañana se transforman ellos mismos en la justicia, le cobran ingentes sumas al Estado y se regodean de ver en prisión sin favorecimientos a quienes les dieron amparo y salvaguardia.

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