Horas de reflexión

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Estos muros blancos, contra los cuales se recuestan geranios y veraneras, más el frío crujiente y una vela ardiendo al pie de un crucifijo, en prueba de una fe que no excluye, permiten la reflexión, o mejor, la conclusión de muchas cavilaciones. Me vienen a la memoria “Las horas de Tota”, de Enrique Uribe White, convocado por la muerte hace ya varios años. “Para mí no cuentan sino las horas tranquilas”, se leía en una de las máximas que exponía en su casa.

Echo por delante los que fueron para mí desafortunados oficios de Viernes Santo, presididos por los queridos padres de mi acostumbrada capilla, pero que en esa tarde malograron la devoción, demorando al público más de la cuenta para un ritual que sería breve de sólo lecturas, beso de la Santa Cruz y Sagrada Comunión, pues ni misa se oficia ese día en que se conmemora el asesinato de Cristo. ¿Acaso no fue un asesinato?

Superado el fortuito impasse, retorno a la tranquilidad del hogar, ya al anochecer, y tengo la compañía de amigos que aprovecharon la vía despejada y pudieron desplazarse hasta esta Quinta de mis pensamientos (que es también el nombre de algunas flores).

¿Y qué pensar durante el muy desolado Sábado Santo? En que no se supo cuándo se tildó de enemigos de la paz a quienes no acudieron a celebrar las decisiones del Gobierno. Vaya. La muerte de un solo joven, soldado o guerrillero (y léase en femenino), estremece a todos, ante el dolor de madres y parientes. Porque la paz no es concepto con el que se pueda jugar; no es para lanzarlo unos contra otros; todos imploramos por la paz de esta Nación. Pero se ha vendido la idea de que hay una sola y determinada forma de conseguirla, así sea en sigilo, y negociarla como acertada y lo demás es guerra y guerra sobre las ciudades, como lo anunció el mandatario de los últimos ocho años. Eso polarizó al país.

La sola vida de un joven, preservada, valdría a cambio de un país. Pero si la situación de la República se hallaba bajo tal extorsión, era de haberlo dicho con claridad. Si se trataba de un chantaje: “la bolsa o la vida” —y en esa bolsa el modo republicano—, que se diga que no hubo más alternativa que entregarnos a un futuro totalitario, pero no fingir que se está negociando con dignidad. Esto se parece al voto para que no asesinen al Senado, en la elección de José Hilario López (1849), cuando los miembros del Congreso Granadino “besaron el puñal del asesino, a trueque de vivir”.

***

Lo dicho sobre el ritual del Viernes Santo, perdónese si parece un asunto particular, pero no debe abusarse de los feligreses en su tiempo y devoción. No crean los venerables curas párrocos que tienen un auditorio cautivo para hacer innovaciones litúrgicas de escaso buen gusto y larga, muy larga duración.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido