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De ninguna otra cosa se habla en radio, televisión y prensa, distinta de la crisis de la alcaldía mayor de Bogotá. Podría decir que me divertí viendo los debates de los distintos canales, a cual más curioso. Me los paseo con el control y a veces me detengo.
Noemí, en ocasiones emperifollada, a veces como entre casa, dirige “Polos Opuestos”. Vi a Juan Gabriel Uribe llenando el espacio y el polo opuesto sin llegar, pues la invitada, que parecía ser Claudia López, se debe a distintos medios, muy elogiada, eso sí, por la moderadora y dulce exministra, no tan diestra en menesteres periodísticos.
Pasando al canal de Petro, el Canal Capital, encuentro a María Elvira Samper, muy seria ella, algo ronqueta, acompañada del silencioso Antonio Caballero, agudo en sus escasísimas intervenciones. La vi con invitados ilustres, dos eminente juristas, muy de mi gusto y lectura; aficionado al derecho, pongo atención discente a sus conceptos: Rodrigo Uprimny, quien supongo es hijo de mi profesor Leopoldo, el de Derecho Canónico, habla con tono suave, casi inaudible y sus opiniones son largas, magistrales, desapasionadas. Reyes Alvarado, de aspecto muy joven es otra muy respetable voz jurídica.
El foro, sin embargo, me adormeció. La conclusión fue decepcionante: la Procuraduría debe terminarse por inútil y sobrante. Como si fuera poco, tal entidad inútil, emplea a un número parecido a once mil personas, eso se dijo. Luego el Estado colombiano tiene y echa a perder mucho dinero o es gran empleador.
Otro día, en ese mismo canal de Petro, aparece León Valencia (“Controversia”), amable, con sonrisa tímida, aparentemente inofensiva, pese a sus marcadas tendencias; no termina una frase, pero se hace entender y consigue panelistas ilustres. La izquierda siempre presente y la derecha invitada para quedar mal. Divertido y variado. No hablaré mal de mis colegas, pues a todos estimo y aprecio.
Y el gran Hassan Nassar. Ágil, conocedor a profundidad de sus temas diarios (¡diarios!); maneja un equidistante turno entre sus invitados. Es frecuente César Caballero, de verbo imparable, quien deja ver hacia dónde van sus encuestas; allí me divertí con Salud Hernández, disertadora de fácil dicción, vocalizadora, ironista y drástica. La interrumpe Luis Carlos Avellaneda, el senador, descorbatado y descompuesto a la moda, desesperado, mientras toma del brazo y casi pellizca a Hassan para mantenerse en la palabra, que no suelta hace rato. Hassan impone sus opiniones y con melena en bucles de magistrado de La Haya cierra y da paso a comerciales.
Otros debates ocurren en severos escritorios como, por ejemplo, ante Luis Carlos Vélez o las mismas entrevistas de Yamid, de grandísimo interés, como la más reciente con Antanas Mockus, en la que éste lució su inteligencia, cada vez más inquieta e incomprensible.