La linterna de Diógenes

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Basta con no estar en un gobierno para quejarse de él. Todos, todos los gobiernos tienen defectos, fallas, asuntos que descuidan y en los que no pueden satisfacer a los ciudadanos. Y si se hace oposición al uno no se la puede hacer al siguiente, que viene en reemplazo, porque eso sería, ahí sí, hacer invivible la República.

El presidente de la CUT, para mí el asombroso Diógenes Orjuela, a quien pude admirar como el más enjundioso y claro participante de los foros de finales del año, tanto en el trámite del salario mínimo como en el papel de líder de los indignados o enojados o qué sé yo, ha invitado a todo el que tenga alguna queja contra el Gobierno para que se una a las marchas, que proseguirán, al parecer de 21 en 21 de cada mes. 

Hombre, así viviríamos de marcha en marcha, en todos los gobiernos que han sido y que serán, ya que cualquiera tiene algo de qué quejarse para atribuírselo a quien figura como cabeza de la administración. Los trabajadores independientes, por ejemplo, que jamás pueden ascender en la escala económica, llenos de impuestos, Ivas e Icas, desamparados de empresas, no jubilados; pero también un resto de ciudadanos quejosos de la Policía, porque no aparece o porque aparece, del estado de las vías, de los precios de la canasta, del salario o del desempleo. Todos a marchar y por siempre a seguir marchando.

Aquí lo que se quiere es dar una apariencia de protesta contra el poder, per se, de manera especial contra el que ahora nos gobierna, que aún no amerita irse en  su contra o a su favor. Ahí vemos, por otro lado, a doña Claudia López en la nueva Alcaldía, instrumentando su programa de gobierno y corriendo los riesgos de hacerlo. Porque las decisiones del pueblo han de cumplirse, sin temores ni reatos, y si lo que se eligió implica reformas constitucionales, hay que abordarlas.

Niéguese que habrá violencia con ocasión de las marchas y la habrá de todos modos, porque es la oportunidad que no dejarán pasar los saboteadores. Es la ley de Murphy, que aquí aplicaría para una manifestación enardecida por la proximidad física y sicológica de unos con otros, esto es, por aquello que se llamó la sicología de las masas, la que puede salir mal y sale mal.

***

Se volverán a llenar las plazas si se atiende el llamado a quienes tengan alguna queja; todos la tienen, ocurrió algo similar cuando se citó a votación en contra de la corrupción: 11 millones de votos fueron facilísimos de conseguir, puesto que nadie estaba a favor de la corrupción, ni siquiera los corruptos, y quienes promovieron esa consulta anodina se consideraron votados en esa misma cantidad. Igualmente, ni con la linterna de Diógenes se encontrará a ese que no tiene alguna queja contra el Gobierno, el de hoy y el de siempre. 

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