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El proyecto de ley que el ministro Germán Vargas Lleras entregó al Congreso para implementar lo relativo a la vivienda gratis, es, curiosamente, un certero dardo en su contra.
Si hubo una que se llamó Ley Lleras , sobre derechos de propiedad en internet (proyecto legislativo que tampoco lo favoreció ), ésta, que implica la renuncia del ministro Vargas Lleras a su presumible candidatura en 2014, podría ser llamada Ley anti-Lleras, otra vez jugando al peso histórico de su segundo apellido.
Y es que el propio ministro ha confesado que el desarrollo del proyecto de las cien mil viviendas gratis estaría cumpliéndose en junio del año entrante, cuando ya se hallaría inhabilitado para la campaña del 14. Sacrificio de su parte que dejaría el campo abierto a la reelección de quien es hoy su jefe, el presidente Santos.
En política no es dable hacer pronósticos tempranos. Que el presidente quiera reelegirse es claro. Ya se lo ha dado a entender a su adversario, el del twitter: que él bien podría hacerse reelegir sin necesidad de reformar la Constitución en su favor.
Pero de aquí a que ello sea viable políticamente hay un trecho: las últimas encuestas no lo avalan. Digo, las que se conocieron al comienzo de la semana que pasó y que enseguida fueron mejoradas por las del diario del Grupo Aval, que como su nombre lo indica, sí lo avalan.
Para Lorenzo la remoción de Vargas no fue solamente por un interés supremo de favorecer a las clases pobres, más pobres, con la casa regalada, sino que algo medió, sin trascender, entre el mandatario y su ministro del Interior; más la necesidad de alejarlo y comprometerle su mejor tiempo político, de modo que quedara inhabilitado.
Entre tanto, Lleras, bueno, Vargas Lleras, tendrá que esperar seis años. Tiempo de incubación para otros delfines o para factores sobrevinientes y personalidades que de pronto destellan y se roban las expectativas guardadas.
Parece claro que el presidente Santos prefirió tener cerca de sí y del Congreso a la más dúctil personalidad de Federico Rengifo y dejar a Vargas batiéndose con el difícil propósito de las casas y lotes y adjudicaciones y contrataciones, sin cuota inicial, pero tampoco final. Solución reduccionista de sólo cien mil casas, del millón cien mil que serían necesarias, según el ministro, en procura del mismo beneficio.
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Pensar en voz alta. La señora canciller resolvió ser indiscreta con altavoz. Ocurrió al decir que el Tribunal de La Haya nos podría quitar un pedacito del archipiélago del cual hacen parte San Andrés y Providencia, éstos, por fortuna y para ella, a salvo.
Visión desalentadora en medio del alegato de defensa de los islotes y cayos que han sido de Colombia de tiempo inmemorial, según el siempre acatado uti possidetis iuris. Temor y aceptación resignada que no han debido hacerse explícitos.