Publicidad

Llegó diciembre “con su alegría”

Lorenzo Madrigal
29 de noviembre de 2015 – 03:46 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Bueno, la alegría es de diciembre, no es de uno.

 Es una alegría objetiva. Para algunos tal vez lo sea, muy subjetiva, por el jolgorio, la música, los regalos y las luces navideñas. No les dañemos el gustico.

Pero otros llevan la carga de una pena reciente, o carecen, por ejemplo, de un hogar físico, así el Gobierno haya encendido todas sus luces con la entrega de la última de las casas gratis; lo ha hecho con exhibicionismo y fotos con casco, que en una vivienda recién construida es como si se dudara de sus materiales. Miles de hogares vivirán, sin embargo, la penuria del desalojo y la carencia total de espacio físico. Yo pienso en los niños, porque la Navidad es principalmente de ellos, como la representación de Cristo naciente, que celebra el mundo, no necesariamente cristiano.

Pero en realidad debería pensar más bien en los padres pobres, porque de los niños difícilmente se aleja la sonrisa y la alegría de vivir. Son sus padres los que sufren, porque no hay carencia más grande que la de no poder ofrecer a sus hijos lo que los otros tienen, ni más baja autoestima que la que ello ocasiona. No es, sin embargo, ideal levantarlos en abundancia, lo que a menudo los deforma y pueden llegar, inclusive, a ser presidentes.

La pobreza absoluta y, cómo no, la relativa, producto de la mala remuneración o del desempleo, también de la enfermedad y de mil circunstancias desgraciadas, son tristezas perennes. El dolor humano es árbol de todos los diciembres; la muerte no cesa ni las crisis de la salud, mal atendida.

Pero hay que cantar villancicos, ver las luces de la ciudad y alegrarnos; la alegría es objetiva, no importa si estamos tristes. Como la que nos ocasiona el regalito que no necesitamos o que tenemos que cambiar porque no es de nuestra talla variable.

Y en la mente del país expectante, los decisorios diálogos de Cuba, país que fue, a un mismo tiempo, jacarandoso e injusto, país de Celia, y que luego de la revolución pasó de injusto a cruel, aún más irrespetuoso de la vida y de los derechos humanos.

La violenta serie televisada de La Guarachera de Cuba, que toca el nudo mismo de la revolución castrista, muestra cuánta maldad puede desarrollar el hombre al sustituir unas instituciones por otras y cómo el ser humano cambia poco de una ideología a otra. La dignidad de Celia, defensora de sus valores, de su vigoroso arte, de su “¡azúcar!”, nos ejemplifique, para lo que pueda venir. Los Santos nos tengan de su mano, si es que no son ellos los que nos están llevando a un abismo de desestabilización y de mayor violencia.

***

Caricaturas trastocadas. El trabajo de Osuna, de ayer domingo, fue publicado en una alegre confusión de títulos con dibujos anteriores. Como un humorista no puede ponerse furioso, el resultado le produce a su autor una risa endiablada.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido