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Lo que podía salir mal…

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Salió mal. De una terna para fiscal general en la que todos estaban, en alguna medida, impedidos, resultó elegido el que más, pese a su sobresaliente trayectoria en estudios penales y en puestos de honor. Qué pena con el doctor Montealegre, cuyo cursus honorum es perfecto, aunque parecería no bastar.

Del interés público suele pasarse al interés particular, con gran respaldo para un jurisconsulto, y eso ocurrió con el nuevo fiscal, quien hoy regresa a lo público. Al regresar tendrá bajo su jurisdicción acusatoria al menos un sonado caso que atendió profesionalmente y que fue tema de escándalo.

Las asesorías gubernamentales que también ejerció, para nada escandalosas, pero comprometedoras, inhiben igualmente y de qué manera el ejercicio inquisidor sobre los actos del gobierno asesorado o de quienes fueron sus actores, cuando corresponda hacerlo.

El fiscal elegido entra así tropezando y excusándose y se verá mermada su autoridad moral. Fue esto, sin embargo, lo que eligieron los magistrados, con gran espíritu de cuerpo, que se da en todas las instancias de poder, tratándose como se trataba de un colega de la magistratura y expresidente de la gran Corte.

Posiblemente el elegido supere las dificultades que su exigente compromiso judicial le presente frente a sus antecedentes profesionales. Lo curioso es que veníamos de otras inhabilidades y la opinión nacional, reflejada en el periodismo, fue tal que desbancó, para no decir que defenestró, a la altiva fiscal doña Viviane Morales.

No parece suficiente que el nominado y elegido afirme que se declarará impedido en el caso de la entidad de salud que viene de asesorar, pues cabe la pregunta: ¿quién impulsará, entonces, la investigación en lo relativo a esa entidad?, ¿se atreverán a hacerlo sus fiscales dependientes?

Así lo ha permitido la Corte con su decisión nominadora. La doctora De Greiff cargaba sobre sus hombros la vinculación estrecha con la administración distrital anterior, muy cuestionada y con expedientes de aquellos que dicen en la carátula: “tiene preso”. La doctora Mesa Zuleta, de la raigambre de los Zuleta Ángel, eminentes juristas, estaba emparentada con la consejería del actual gobierno, que la presentó en terna.

No hay mal que dure cien años; aquí serán sólo dieciséis meses. Cuatro años pide el doctor Montealegre y es posible que las cortes (cabe en el concepto el Consejo de Estado) lo complazcan en razón de la persona. Regular paso el que ha dado la magistratura, tan respetable, pero posiblemente con pudor ante la opinión, si no apresuraba sus decisiones.

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