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Una marcha no surge por generación espontánea. Algún grupo social o político la organiza y, con el fin de reunir multitudes inusitadas que semejen una protesta única, se convoca con distintos fines y la gente acude: los unos contra los bajos salarios y eso invita bastante; por supuesto, las centrales obreras son invitadas; en el caso presente, la universidad pública es tema central y muy acuciosos estudiantes se preocupan por las finanzas de sus centros educativos. Entre estos, quienes sí protestan con toda razón son la mayoría —por no decir la generalidad— que no alcanzan a pagar tan costosas matrículas y por eso piden fortalecer la universidad pública.
Pero se reúne a otros más: a los propios educadores, mal pagados o con mesadas atrasadas; a las víctimas de los malos servicios de salud y a sus prestadores; es posible que se unan los comerciantes formales, arruinados por los informales y estos desplazados de sus puestos; los discriminados sexuales y, cómo no, los que encaran ideologías de género, a favor o en contra. La enumeración es infinita. Todos acuden, todos tienen razón para la protesta social, a los que se les mezclan — no digo que estén previstos— los agitadores, que hacen los daños, de los que se ocupan los medios.
Pienso que, aunque ordenadamente, el desfile de un 20 de julio es similar. Se organiza por batallones, algunos muy pintorescos, pero lógicamente no son para protestar, sino para desplegar fuerza y sentar autoridad. El público acude a verlos como quien ve leones enjaulados, algo así.
Lo disímil de los temas diluye la protesta. Hasta una cierta calle van los unos y detrás, como si no fueran de los mismos, porque no lo son, caminan los otros, sin saberse en últimas a cuál fin único se debe la movilización. Bien se puede decir que la protesta vale por sí misma, es la protesta.
Al Gobierno de Iván Duque lo ha recibido toda una encrucijada social, de causas diversas, que en sólo tres meses de mandato no hubiera podido resolver. Como lo analiza en Canal Capital —con Érika Fontalvo— Josías Fiesco, al referirse a quienes dicen marchar en reclamo por el deterioro de las instalaciones universitarias. El analista se pregunta si sólo ven esto cuando comienza un gobierno, al que se quiere desestabilizar. Me sirve para concluir que una marcha de muchas causas también podría tener un solo propósito: desgobernar.
Felicito a los colegas galardonados el pasado fin de semana. Hay unos más cercanos, como Betto (el caricaturista, a quien me atrevo a dibujar), Alberto Donadio, Alfredo Molano (jr.) y Mauricio García, colaboradores de este diario. Poco amigo de los premios al periodismo, no acostumbraba ni siquiera felicitar por ellos, pero entré, sin proponérmelo, en la misma tómbola. ¡Mis parabienes!
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