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Se reinstala

Lorenzo Madrigal
03 de agosto de 2014 – 09:34 p. m.

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Todo parece indicar que la segunda posesión de Juan Manuel Santos será con bombos y platillos. Invitados notables, jefes de Estado, la Unasur en pleno, el cuerpo diplomático acreditado.

Algunos cabrán en la sede presidencial para la copa de vino; otros serán arrojados al patio de armas, donde soportarán la ventisca de agosto, proveniente del páramo de Cruz Verde.

El viejo rey de las Españas y el presidente del Gobierno, don Mariano Rajoy, asistirán y ojalá no muy cerca del bolivariano Nicolás Maduro, a falta de un Chávez a quien callar y ya callado por designios del Altísimo. Grande se adivina la vanidad del mandatario reelegido al avanzar sobre la alfombra roja, tendida entre la Casa de Nariño y las escalinatas de Núñez. No faltará el guardia presidencial con el disfraz colorido de tropa de la Independencia, al modo venezolano.

Entre los primeros en tomar banca en el Elíptico, ahora en línea corrida, estará el expresidente Samper, virtual secretario de Unasur. Quizás asistan, con justificada timidez, la directora del Polo y la adherente de última hora, doña Marta Lucía Ramírez.

Discurso del presidente del Congreso (sin que se haya vuelto a saber de la Fábrica Nacional de Discursos) y proclamas del presidente Santos por la paz, dirigidas a Estocolmo. Posiblemente dirá que de darse un nuevo atentado contra la infraestructura o contra alguien importante, él estará a punto de interrumpir las negociaciones. Juramento de fidelidad de Vargas Lleras.

Estarán presentes Sergio Jaramillo y el agotado Humberto de la Calle, rehén de las conversaciones en el país de Fidel. Nos daría una gran sorpresa Raúl Castro si llegare a venir a la posesión de este hombre que será jueves, 7 de agosto de 2014. Fidel, por supuesto que no, pues, como dice en Bogotá la gente del comercio, ya “está haciendo cuentas”.

Vendrán, de seguro, con su amplia y arrugada sonrisa Rafael Correa, presidente de Ecuador; el discreto presidente Humala, del Perú, y la endeudada señora de Kirchner, así como la de malas en el fútbol, doña Dilma.

Tal vez Peña Nieto, tal vez Joe Biden, seguro su Ilustrísima don Ettore, nuncio de Su Santidad, y, bueno, todo el mundo presto a felicitar al inefable hombre del jueves, sin que falte doña Mechitas Plata, en tanto se lo permita su salud. Su presencia será importante para recordar las casitas prometidas por haber denigrado de “Zurriaga”, en comercial que hizo olvidar el endiablado de los hijos de los ricos que irían a la guerra.

Buen viento al marino de la paz y buena mar. Porque está la mar picada.

Sigo creyendo que la Presidencia de la República imprime carácter y que quien ha representado a la Nación, así esté cuestionado, se constituye en emblema nacional, en el interior y no se diga por fuera del territorio.

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