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Tapen, tapen

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Está bien que las cosas cambien de dueño a la muerte del primer propietario. Pero hay hechos históricos y frases memorables a los que se les cambia de autoría intelectual o fáctica por error, desidia en la consulta o por una costumbre desfigurada.

Ahora se atribuye al senador Jorge Enrique Robledo, porque el mismo lo utilizó recientemente, el vocablo repetido del “tapen, tapen”, dicho con ironía, para hurgar en el ocultamiento de hechos de corrupción. No es suyo y se ha convertido en lugar común. Lo curioso es que un avezado izquierdista utilice los términos del denigrado jefe conservador, Laureano Gómez, hombre emblemático de la pureza pública.

A cada cual lo suyo, pues. El grito “¡mamola!”, aunque ahora se le aplica a Horacio Serpa (él reconoce de quién lo tomó) es originario de Gaitán, el de “la restauración moral de la República”, el del “¡nequáquam!” (expresión latina, castellanizada, para negar con fuerza) y, por supuesto, el de la proclama “¡A la carga!”.

Nadie le quite a Gabriel Turbay Avinader lo de la “alambrada de garantías hostiles”, ni a Eduardo Santos lo de “fe y dignidad”, ni al primer López “la revolución en marcha”, como expresión alusiva a su obra de gobierno.

“Los pasajeros de la revolución”, que pasarían a bordo, fue cosa de López Michelsen, así como es suyo el “Mandato Claro”. Olaya llamó a la “Concentración Nacional” y Ospina Pérez a la “Unión Nacional”. De Lleras Restrepo fue la “Transformación Nacional”. Belisario Betancur acuñó el “sí se puede”, replicado coincidencialmente por Obama con el “Yes, we can”.

Mockus fue el de “yo vine porque quise; a mí no me pagaron”. Y a Samper no lo tumbaron por aquello de “aquí estoy y aquí me quedo”. Este mismo no vio “el elefante en la sala de la casa” y quien lo dijo fue el cardenal, don Pedro Rubiano.

Ospina Pérez, héroe del 9 de abril del 48, expresó: “Para la República de Colombia vale más un presidente muerto que un presidente fugitivo”. Frase labrada en piedra en la puerta del Palacio de la Carrera, donde permaneció por cerca de veinticinco años, hasta que el presidente pasajero de la revolución (¡vaya revolución!) la desmontó y arrojó como material de recebo.

Pastrana Borrero habló de “la juventud al poder” y su hijo, uno de los jóvenes que llegaron al poder, se identificó con el estribillo de “claramente”, al tiempo que Gaviria Trujillo, otro joven, con el de “ciertamente”.

“Dios me guarde de usted” fue frase de don Fidel Cano Gutiérrez, en el diecinueve, y sabido es que “Regeneración o catástrofe” perteneció a don Rafael Núñez. El tema es largo.

***

En esta hora de su muerte, la alentadora expresión “seguimos adelante” fue, sin encontrarle par en el coraje, de don José Salgar Escobar, el hombre de la calle. Hasta la vista, José.

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