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La vistosa y folclórica posesión de Claudia López como alcaldesa de Bogotá dio para muchos comentarios. El día no pudo ser más soleado, de modo que sombrillas multicolores ofrecieron a la vista un cuadro festivo. La verdad, poco acostumbrado, acompañado de pícnic.
Fue posesión sin arzobispo (no así la de la gobernadora del Valle), Mockus debió estar por ahí. El exalcalde Peñalosa asistió, para escuchar el réquiem a su obra del alma, el Transmilenio, que no podrá ser liquidado, pero sí desbancado de su importancia. No entiendo con qué se reemplazaría, pues el metro, según la propia alcaldesa, no estará al servicio antes de diez años. Se mencionó al gobernador de Cundinamarca (¿el nuevo?) y hubo saludo para algunos del cuerpo diplomático. Por supuesto figuró con todos los honores la esposa de la señora alcaldesa, la doctora Angélica, de gran arraigo, a juzgar por los repetidos aplausos.
El coraje, el impulso, el mando de la nueva mandataria de la capital se pudo observar en su desparpajo, en su agilidad física (no tuvo quién le recogiera papelitos del suelo ni una mesita auxiliar para la cantimplora de refresco); vimos su movilidad, que ojalá se la transmita a los corredores de entrada y salida de la ciudad y a todas sus calles, pues ya no es exagerado decir que la ciudad colapsó, se paralizó completamente.
Lo que pudo dejar algún sabor autoritario, muy propio del rasgo sicológico de la posesionada, fue sin duda el que dejara nombrado presidente del Concejo Distrital, en la persona de Carlos Fernando Galán, su cordial rival de campaña a la Alcaldía. Ya se ve cómo manejará el Concejo y, en el caso Galán, habrá conquistado los votos de su nuevo movimiento.
Populismo sin duda a montones, confetis y carita feliz a las multitudes de las marchas y, en general, a la juventud. Hasta se escucharon cacerolazos al fondo del grupo de asistentes y uno que otro “abajo a Duque”. La incógnita es cómo irá a manejar, desde el plano de autoridad, los eventuales desórdenes anunciados como marchas pacíficas, aunque ya más o menos se conoce cuál será su actitud frente a la fuerza antidisturbios, o Esmad, cuyo accionar, ha dicho, dependerá completamente del Palacio Liévano. Tema bien complicado, que toca con la complacencia o desgano de la Policía Nacional. Por contraste, la nueva gobernadora del Valle casi no termina de saludar a los miembros de la Fuerza Pública, nombre por nombre, que asistían al acto de su instalación.
El amor, que vale por sí mismo sin restricciones, no faltó en medio de la alegoría de las sombrillas, que recuerdan la inefable zarzuela española. Y fue así como “a la sombra de una sombrilla”, fueron ideales los madrigales que se cruzaron las recién casadas.