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Ácido: odio mortal

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La captura en cuestión de horas del presunto autor del ataque con ácido contra Natalia Ponce de León es la demostración de que cuando las autoridades y la sociedad quieren, pueden.

En menos de un día la Policía divulgó el cartel que mostraba la foto de Jonathan Vega y lo capturó en el norte de Bogotá escondido en la casa de su abuela.

Los allegados a Natalia dicen que Jonathan era un conocido del barrio con quien no tenía relación hace años y a quien consideraban alguien que hacía parte del pasado, pero evidentemente el cobarde agresor llevaba algo dentro de sí que no le permitía pasar la página.

Natalia ahora tiene quemaduras en un cuarto de su cuerpo y permanece en el hospital. Tiene una marca que permanecerá para siempre con ella y de la cual tendrá que reponerse con la ayuda de su familia y amigos que la quieren y la apoyan. En definitiva, será algo de por vida. Algo que no se compara con la ligereza de la pena a la que se podría enfrentar su agresor. De no imponérsele la máxima condena contemplada al atacante, este podría estar por fuera de la cárcel gozando de libertad condicional en tan poco como tres años.

El endurecimiento de las penas a los autores de ataques con ácido es necesario en nuestro país. No hay punto de comparación entre el daño generado a la víctima frente al castigo que enfrenta el atacante. Y aunque ya se han dado pasos en esa dirección en nuestra nación, falta la implementación de la norma que también reglamenta la venta al por menor de los ácidos que se utilizan para estas aberrantes acciones.

Según Medicina Legal, desde 2004 se han registrado más de 900 ataques de este tipo y en su mayoría han sido contra mujeres. Los móviles de estas agresiones, casi constantes, son venganzas por celos de exnovios o esposos, y hombres enceguecidos por el machismo y la ira.

Es decir, estos incidentes y sus motivos nos ponen en el mismo nivel de degradación social y de irrespeto a la mujer que Pakistán, Afganistán, Irán, Gabón, Nigeria, Yemen y Sri Lanka.

La gravedad de estos actos ha hecho que internacionalmente Estados Unidos avance en la aprobación de la ley internacional contra la violencia a la mujer. Una normativa que obliga a los gobiernos a actuar y condenar estas agresiones.

El tema no puede quedar acá, debe ser incluido en el debate presidencial que actualmente vivimos en Colombia, un debate árido, sin ideas, pero rico en insultos, mentiras e ira. Elementos que finalmente son los mismos que motivan los ataques irracionales con ácido. Si nuestros candidatos a gobernantes no los saben manejar: ¿qué se puede esperar de los potenciales gobernados? Este país es más que atacantes con ácido y políticos “egomaniáticos”, sin ideas para solucionar los problemas que a diario enfrentamos los colombianos.

* Luis Carlos Vélez, director de Noticias Caracol

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