Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
En poco más de dos décadas, en Colombia pasamos del asesinato físico de los candidatos al llamado asesinato del personaje, o character assassination en inglés, esa estrategia que busca acabar con el prestigio y la reputación de un individuo por medio de acusaciones falsas, manipulación de la información y rumores.
En nuestro país reemplazamos a los sicarios en moto por los sicarios de los teclados que mercadean con información que manipulan para matar la imagen pública de su enemigo y así favorecer a quien mejor les pague.
En la campaña presidencial que acabó el 27 de mayo de 1990, los colombianos enterramos a cuatro candidatos presidenciales: Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, Luis Carlos Galán y Carlos Pizarro. Hoy, las campañas están haciendo todo lo posible para enterrar la imagen pública de Óscar Iván Zuluaga y Juan Manuel Santos.
Por lo tanto, es muy importante que las autoridades evolucionen también y encuentren maneras de castigar a estos piratas informativos y a quienes los contratan, para que algún día los colombianos podamos elegir sin asesinos de cualquier tipo rondando las urnas.
Afortunadamente, la sociedad también se está dando cuenta de quién está tratando de engañarla y cuáles son sus estrategias. El episodio vivido en la sala de redacción de Noticias RCN con Luis Alfonso Hoyos, el consejero espiritual de Óscar Iván Zuluaga, dejó claro que hay un tráfico de información que se reparte en el país y cuyas características y métodos de obtención deben ser analizados por las autoridades competentes.
De la misma manera, la Fiscalía deberá trabajar para esclarecer cómo llegó a manos de la campaña del Centro Democrático el llamado computador de Palacio, manejado por el controvertido Germán Chica, y el papel que tuvo la actriz Lina Luna en su obtención. Porque no deja de ser muy extraño que la asesora de Chica, ahora llamado exrepartidor de la mermelada, termine siendo la esposa de un hombre señalado de ser el hacker de la campaña uribista y cuyo trabajo sería el de encontrar información que enlode al presidente candidato. Mejor dicho, haciendo las veces de lo que sería una espía.
Mucho de esto se resolverá en el momento que Germán Chica y Lina Luna decidan hablar. Mientras los señalados en medio de esta campaña presidencial se defiendan retando a la Fiscalía para que los investigue y no tengan la valentía de dar entrevistas y se limiten a dar comunicados, la sociedad no tendrá otro remedio que pensar que son cómplices de los asesinos del teclado.
Luis Carlos Vélez *