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En tan solo un mes pasé de ser un “santista enclosetado”, según un energúmeno Jaime Bayly, a ser un “uribista de motosierra”, de acuerdo con una oleada en redes sociales. Pero más allá de los acosos, queda la tranquilidad de que ser atacado por todo el espectro político por igual es garantía de conciencia de estar haciendo un trabajo de observación crítica independiente.
La opinión pública está tan sensible y manipulada que, en medio de su intolerancia, sindica, sin detenerse, olvidando que históricamente en Colombia pasamos fácilmente de las palabras a las acciones y ahora de los trinos a las balas.
En esta última semana hemos sido testigos de las amenazas a varios periodistas en el país. Unos por ser considerados de izquierda, otros de derecha y otros por, supuestamente, ser tibios. “Eso le pasa por santista”, “petrista” o “uribista”, es lo que leo una y otra vez.
Lo triste es que no solamente los políticos, que usando el libreto extremista de derecha de Trump o de izquierda de Maduro, son los que atacan a los comunicadores, también los ahora mal llamados influenciadores son los que, desde sus extremos políticos, estigmatizan, tergiversan y atacan a la prensa. Escondidos bajo las supuestas figuras de ser “activistas” o periodistas independientes, lanzan dardos, editan entrevistas y crean sus propias versiones de lo informado para atacar, enardecer al público y, de paso, convenientemente ganar clics y seguidores. En su perverso escenario, ellos, solo ellos, pueden tener una opinión, el resto debemos guardar silencio y dedicarnos a observar. No podemos ni siquiera preguntar o cuestionar con firmeza, porque hacerlo es inmediatamente interpretado como tomar posición contra alguien. Olvidan que exigir ecuanimidad es también estar dispuesto a oír algo crítico sobre lo que se considera correcto.
En las últimas semanas, los ataques, insultos e intimidaciones han aflorado por un par de entrevistas que realizamos en La FM. Nos acusan de parcializados, por haber terminado una entrevista con Iván Duque preguntándole sobre música y haber sido extremadamente inquisidores con Gustavo Petro. La razón es una sola: con el doctor Petro no se pudo. Como candidato lo invitamos en múltiples oportunidades y solamente nos habló una vez, y de eso es consciente su exfórmula vicepresidencial Ángela María Robledo, quien amablemente siempre estuvo dispuesta a atender el teléfono. Teníamos preparado el reto musical para él, pero dado que sus respuestas se tornaban largas y las preguntas eran muchas, preferimos continuar con el cuestionario. Nada personal.
En la Alemania nazi colgaban a aquellos que se negaban a colaborar con el régimen y les ponían un letrero en el pecho para que la gente tuviera miedo y se amedrentara. Práctica que copiaron los Pepes en la época de Pablo Escobar. Ahora inventan un remoquete en redes para callar. La prensa libre, obviamente no exenta de errores y con mucho para mejorar, no se debe dejar arrinconar. La prensa libre es garante de la democracia. Lo primero que hacen los dictadores es aprovecharse de los intolerantes para callar a los que disienten, pero luego son esos mismos los que terminan sometidos buscando que alguien levante la voz.
A todos, por favor, calma. Empieza un periodo legislativo histórico con pluralidad de voces y propuestas. Ojalá los padres de la patria entiendan su responsabilidad y no sean los primeros en incitar el odio y la intolerancia hacia los medios de comunicación.
No podemos seguir siendo la nación en donde no declararse enemigo de tu enemigo significa inmediatamente que soy tu enemigo. No ser petrista no significa inmediatamente que se sea uribista ni santista. Ni lo uno, ni lo otro.
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