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Colombia: sin plata, Piketty y Chávez

Luis Carlos Vélez
16 de noviembre de 2014 – 09:13 p. m.

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Los días de la exuberancia económica colombiana quedaron atrás. A no ser que algo extraordinario ocurra, los próximos años serán de billetera flaca y cinturón apretado.

Cinco factores nos llevan a pensar en este nuevo escenario de austeridad. Primero, los precios internacionales del petróleo. Difícilmente el crudo tendrá los niveles extraordinarios que registró en 2008. Luego de la trepada de sus precios, y la constante presión bélica de los países productores de crudo de Oriente Medio, EE.UU. decidió ser independiente energéticamente. Desde entonces, la Unión Americana ha apretado el acelerador para encontrar más petróleo y gas dentro de su territorio y de esta manera dejar de depender de regímenes enemigos como Irak, Irán y, por estos lados del barrio, Venezuela. Una mayor producción de crudo estadounidense, sumada a una constante especulación, ha quitado la presión de los precios internacionales, afectando a los países productores como Colombia.

Segundo, una mejora en el panorama económico en Wall Street. Una de las consecuencias de la crisis financiera en Estados Unidos fue la baja constante de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal. De esta manera, el banco central logró estimular el consumo en el país. Sin embargo, esta medida trajo como resultado también la salida de millones de dólares hacia economías como la nuestra, que mostraba mejores tasas de interés. Ahora que la economía del Tío Sam empezó a mejorar, ya se está empezando a vislumbrar el final de tasas de interés bajas en EE.UU. y por lo tanto los dineros empezaron a regresar a ese país.

Tercero, el posconflicto. Acabar con la guerra en Colombia tiene un precio que todos tendremos que pagar. Los programas de reinserción y la reparación tendrán que ser financiados por la economía nacional, lo que probablemente lleve a una recomposición del gasto nacional afectando algunas iniciativas que probablemente sean más rentables en el mediano plazo. Pensar en que ese dinero caerá del cielo o será donado por los llamados países amigos es simplemente un exceso de inocencia.

Cuarto, Piketty. Thomas Piketty es un economista francés que ha roto todos los récords con la venta de su libro Capital. En él plantea que la inequidad debe ser combatida poniendo un impuesto a la riqueza. Algo que puede funcionar muy bien en economías desarrolladas, pero que en nuestro escenario lo único que hace es desestimular la inversión y provocar la salida de dineros hacia países que no cobren impuestos a los que generan empleo.

Y quinto, la política. Cada vez son más fuertes en nuestro país los remedos de Hugo Chávez. Esos que salen a la calle y gritan “¡Exprópiese!”. Esos que buscan en el odio el respaldo a sus ideologías, que cuando son implementadas sólo han generado caos y destrucción.

Esta es definitivamente una de esas columnas en las que uno sinceramente espera estar totalmente equivocado.

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