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Mesopotamia no sólo ha sido tierra fértil para ser llamada la cuna de la civilización, sino que ahora es también la cuna de EIIL, uno de los movimientos extremistas islámicos más peligrosos y temidos de los últimos años.
La semana pasada, los llamados yihadistas suníes del Estado Islámico les dieron un ultimátum a varias poblaciones del norte de ese país para que adoptaran el islamismo, o de otra manera eliminarían a sus habitantes.
Esta última amenaza y una deteriorada situación en el país impulsaron a Estados Unidos a anunciar y ejecutar una serie de ataques selectivos en las zonas de injerencia de esa organización, catalogada ya por la comunidad internacional como terrorista.
EIIL está compuesto en su mayoría por exmilitantes de Al Qaeda y ha venido implementando su ley del terror en las poblaciones ubicadas a orillas de los ríos más grandes de la región. Su avance ha sido tan rápido y violento que el propio gobierno iraquí le hizo un llamado a Washington para apoyar acciones en su contra.
Pero ¿por qué a EE.UU. se le ve tan efectivo y diligente para actuar en la zona? ¿Y por qué no se movió tan rápido en otros conflictos, como el de Ucrania? La respuesta es que en esta oportunidad, Washington quiere y puede. Según las autoridades estadounidenses, EIIL no sólo es una amenaza para Irak o Siria, sino que tiene en su blanco a EEUU. En un mensaje divulgado por Twitter la semana pasada, uno de sus líderes, Abu Bakr al Baghdadi, dijo desafiante: “Le envío este mensaje a América, el poseedor de la cruz. Pronto se encontraran en una confrontación directa con los hijos del islam, quienes están preparados para el día en que se enfrentarán con ustedes”. Una declaración de este tipo no se toma a la ligera en la tierra del Tío Sam en la era posterior al 11 de septiembre.
Y del otro lado, puede. Está demostrado que tras las vergüenzas pasadas en Vietnam y Afganistán, EE.UU. trata de involucrarse sólo en peleas de las que puede salir ganador. Si el riesgo es muy alto, no hay mucha voluntad política para apoyar una acción militar, por muchos civiles inocentes que estén en riesgo.
Así las cosas, lejos va quedando aquel discurso que señala que EE.UU. es el policía internacional por excelencia. La realidad es que cada día que pasa queda claro que, como dijo el presidente Barack Obama al anunciar los operativos contra EIIL, EE.UU. sólo tiene la obligación de proteger a sus ciudadanos y sus intereses. Es decir, sin romanticismo o altruismo, y eso definitivamente mina su objetivo de ser el gran líder global.
* Director de Caracol Noticias.