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Explicación Urgente

Luis Carlos Vélez
24 de noviembre de 2014 – 06:55 a. m.

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Es mucho lo que tendrá que explicar el General Alzate una vez regrese con su familia. La falta de claridad sobre lo que el gobierno califica como un secuestro por parte de las Farc, le pone un manto de duda innecesario a las conversaciones de paz en La Habana.

 La semana pasada tuve la oportunidad de visitar personalmente el corregimiento de Las Mercedes. Se trata de una población de por lo menos 90 familias a orillas del río Atrato. Para llegar al lugar hay que hacer un recorrido de 20 minutos en lancha en medio de la constante lluvia que por esta época del año tradicionalmente azota la región. De gente amable y trabajadora, el corregimiento encarna todo lo que en el país se entiende como pobreza extrema, abandono del Estado y fuego cruzado. Esta bella gente conoce muy bien el significado de la palabra revictimizar. Ellos fueron desplazados en 1999 por los paramilitares que los acusaban de ayudar al ejército y hoy son señalados por algunos sectores como colaboradores de la guerrilla. Lo que es bastante grave ya que para ellos cualquier presunción de vínculo con alguna de estas organizaciones e incluso con el mismo ejército, significa la inmediata retaliación de los bandos restantes. Por lo tanto, este no es un lugar que ofrezca las condiciones para una visita turística, de esparcimiento o comodidad. Es claro que el General no fue al sitio para pasarla bien.

Tampoco está claro si su llegada a Las Mercedes hacía parte del trabajo con la comunidad. Los pobladores aseguran nunca haberlo visto antes. Tal vez los que tuvieron contacto con Alzate el domingo de la semana pasada no lo reconocieron porque estaba vestido de civil, pero las personas con las que hablé sostienen que nunca han trabajado directamente con él.

Las Mercedes no es un sitio seguro. Relatos de funcionarios de la Defensoría del Pueblo y miembros de la Iglesia sostienen que en el lugar es evidente la presencia de las Farc. Incluso algunos afirman que hacía semanas había información de guerrilleros vestidos de civil haciendo patrullaje por la zona. Entonces, si el sitio no era seguro y no había iniciativas sociales del Ejército, ¿Qué hacía un General de la República sin escolta en el lugar?.

Una vez liberado, el General debe presentarse ante las autoridades y la opinión pública para explicar lo ocurrido. Su versión debe ser abierta y no resguardada bajo la premisa de que su relato contiene información de seguridad nacional.

Como dicen en la calle, no es necesario ser sino parecerlo. En este caso se trata de un General descrito como un hombre íntegro y valiente a quien el país le debe mucho por su sacrificio. Pero su silencio puede ser contraproducente. Su declaración es necesaria para despejar las dudas planteadas que con el paso de las horas se unen a las teorías de la conspiración.

Si no hay una explicación clara y contundente sobre lo ocurrido, este escenario, donde el proceso de paz sale fortalecido por la capacidad del Gobierno para romper las conversaciones en La Habana cuando lo considera necesario y por lo que algunos califican como un gesto de buena voluntad de las Farc al liberar al más alto oficial alguna vez secuestrado por la guerrilla, se convertirá en algo negativo que dejará muy golpeados los diálogos. A las partes, nuevamente, un amable recordatorio: lo que eventualmente se acuerde en Cuba deberá ser refrendado por el pueblo en Colombia y por lo tanto la verdad es fundamental.

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