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Cuando la pelota rueda el mundo se detiene.
El Mundial tiene la facultad de suspender por un mes prácticamente toda actividad nacional, en especial si la selección de casa lo está disputando. No hay otro evento que tenga ese poder para hipnotizar a un país, para darle por algunos días un respiro de la agenda tradicional.
Mientras los equipos juegan, la gente no quiere salir a la calle, baja su productividad y no cumple con sus trámites. Por eso llegan las quejas desde las autoridades de transporte, ya que las renovaciones de licencia bajaron cerca de un 60%, mientras que la venta de gasolina a nivel nacional tuvo una caída cercana al 30% durante los días en que jugó nuestro equipo nacional.
A pocos les importa lo que está pasando en el planeta cuando se realiza la Copa Mundo. Durante un mes, afortunadamente, a las naciones se les olvidan el desempleo, las divisiones políticas, los problemas de orden público, los escándalos de corrupción y hasta los que se han volado de la justicia local.
El fútbol incluso tiene ese poder onírico de hacerle creer a la gente que porque al equipo nacional le va bien, al país le va bien, y por lo tanto el Gobierno de turno está bien. De eso se benefician presidentes como Juan Manuel Santos, quien vio cómo su popularidad saltó hasta el 70% durante el torneo, algo significativo teniendo en cuenta que se trata de su primera medición de aceptación después de una de las campañas políticas mas agresivas de los últimos años.
Pero cuando el torneo acaba, cuando los estadios cierran y la fiesta termina, empieza el guayabo del Mundial y caemos nuevamente en la realidad nacional. Lo peor es que ese golpe se hará mas fuerte el 20 de julio, cuando asuma el nuevo Congreso, uno que promete debates intensos, enfrentamientos vengativos y poco de construcción de nación. Uno que es la antítesis de la selección Colombia que nos enseñó que trabajar juntos como equipo, por encima de intereses individuales, deja más que la mezquindad de la victoria individual. Por eso digo: qué guayabo que se acabe el Mundial.
Luis Carlos Vélez *