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Cada cuatro años, en época de elecciones, he sido testigo de cómo familias se distancian, amigos se dejan de hablar y hermanos prefieren no verse las caras por diferencias políticas. Sin embargo, durante estas dos semanas de transición entre la primera y segunda vuelta, los políticos nos han demostrado que la discusión política ni sus protagonistas deben ser tomados en serio. Para ellos son más importantes los puestos, las embajadas, los institutos y el blindaje legal que otorga el poder, que la coherencia, los principios, las ideas y hasta el amor propio.
El despliegue de acomodo, falta de memoria y vergüenza están presentes en las dos campañas. Desde los expresidentes Pastrana y Gaviria, que primero fueron enemigos acérrimos de Álvaro Uribe y ahora lo acompañan en la campaña de Iván Duque, hasta Claudia López, antigua fórmula vicepresidencial de Sergio Fajardo, que hasta hace muy poco aseguraba que nadie iba a olvidar que Gustavo Petro trajo a Hugo Chávez a Colombia por primera vez y que era defensor de Nicolás Maduro. Camaleones.
El acomodamiento también ha llegado a los candidatos. Duque se tuvo que reunir con la Corte Constitucional para hacer aclaraciones sobre sus señales de construir una sola Corte, mientras que Petro tuvo que firmar sobre mármol la negativa a los pilares que han hecho popular su campaña. Si no fuera porque todos vimos las imágenes del exalcalde de Bogotá a lo Moisés con 12 mandamientos para recibir el apoyo de Mockus y López, pensaríamos que se trataría de un chiste. Uno de enmarcar, ya que por cuenta de una foto tuvo que enterrar mucho de lo que lo catapultó para llegar a la segunda vuelta. El Petro segunda parte no expropiará, no convocará a una Asamblea Constituyente, impulsará la iniciativa privada y respetará el Estado Social de Derecho. Mejor dicho, si mañana dice que revisará los acuerdos, sería igualito a Duque, solo que con el precedente de haber sido uno de los peores alcaldes en la historia de Bogotá. Chistoso.
La campaña de Petro ha criticado fuertemente las adhesiones que ha logrado la de Duque, argumentando que son cuotas burocráticas. Será importante ver que no ocurra lo mismo en un eventual mandato propio. Por su parte, Duque también tiene la tarea de, en caso de ser presidente, cumplir con su promesa de liderar el país con la gente que considera la más idónea y que su gobierno no será guarida de los mismos corruptos de siempre.
Con el triple salto mortal de sus nuevas adhesiones, la campaña de Petro acaba de hacer lo mismo que tanto critica de su competencia, aceptar por conveniencia parte de sus más intricados contradictores. Algo que deja como efecto inmediato, eliminar el argumento con el que más duro golpeaba a su contraparte. Es decir, en términos de mermelada, la suspicacia bien se puede aplicar a los dos bandos.
Nos dicen y decimos que la política es dinámica y lo peor es que de tanto repetirlo nos parece normal, digerible y aceptable. Error. Como ciudadanos, es importante exigir coherencia de la misma manera en que exigimos garantía de un producto que compramos. Finalmente, el contrato que los ciudadanos firman con su voto es el más importante de todos porque es el que otorga el poder de dirigir lo más sagrado: la patria.
Entre tanto, dada la evidencia que nos otorga esta campaña, no creo que valga la pena que nos sigamos insultando en redes y otros foros. Es más, si se tiene en cuenta lo que pasó la semana pasada y la manera en que evoluciona mucho en nuestro país, ser “voltiarepas” pronto será una gran virtud.
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