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La marcha opositora

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Fueron miles las personas que salieron el sábado a marchar en todo el país. Fue una marcha con poca cobertura mediática, pero sí de gran afluencia. Miles de manifestantes, opositores al Gobierno y afines a los postulados del expresidente Álvaro Uribe, se hicieron sentir principalmente en Medellín, Cali y Bogotá.

Según la propia Policía Nacional, se registraron marchas en 21 ciudades en todo el país y también hubo algunos movimientos fuera del país, en ciudades como Miami y Nueva York.

Seguro hubo algún tipo de despliegue mediático, pero la manifestación fue mucho más grande de lo que hasta hoy se ha podido conocer. Y ese es uno de los problemas más grandes que tiene el Gobierno en este momento y es el de estar viviendo en una burbuja de negación constante de la realidad que no le permite actuar con la contundencia que debe y además, por capacidad y mérito, puede.

El Gobierno y sobre todo las Farc deben entender que la gran afluencia de público a esta marcha es otra demostración de que gran parte del país rechaza el proceso de paz. No importa si lo hace engañada, desinformada, desinteresada, parcializada, aburrida o convencida. No importa. La realidad es que, tal y como lo reveló la más reciente encuesta de Cifras y Conceptos, cada día baja más el respaldo al proceso.

A estas alturas del partido debería ser claro que la negación de los hechos no es una estrategia que esté rindiendo frutos. De hecho, la opinión pública tiene incrustado en su recuerdo de corto plazo negaciones del Gobierno que han terminado siendo verdad, como por ejemplo: “que ese tal paro no existe, que esta tal crisis energética no existe, y que esas conversaciones con esa guerrilla no existen”. Es ahí donde el expresidente Uribe se ha hecho fuerte, llenando el vacío de la negación para subrayar en el dimensionamiento de los hechos. Mientras Santos es el negador, Uribe se ha convertido en el anunciador del apocalipsis.

Esa situación se ha mantenido durante toda esta administración, y a pesar de ella el Gobierno ha salido a flote en las elecciones legislativas y en la búsqueda de su reelección, pero no es claro que sea tan efectiva en el momento de la refrendación de las negociaciones en La Habana. El deterioro de la percepción del proceso es cada vez mayor y los hechos judiciales que involucran a miembros de la familia Uribe han enfurecido y radicalizado aún más la postura del expresidente, algo que pone en la cuerda floja el visto bueno al larguísimo y aplazado acuerdo de paz con las Farc.

Las marchas son el campanazo más fuerte que ha recibido el Gobierno hasta ahora sobre su gestión. La táctica del avestruz de esconderse bajo la tierra no funciona y mucho menos la de oír con tanta atención a los áulicos que aseguran que nada pasa, que todo está bien y que lo que dicen en la calle es producto de las mentiras uribistas. Ese es un análisis de niños bogotanos bien, no de una administración que debe concretar lo que con tanto esfuerzo y riesgo ha impulsado.

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