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Con el paso de los días se cocina una tormenta perfecta en contra del establecimiento colombiano. Son varios los eventos, producto del azar, de la voluntad humana o la tramoya, que se están juntando y que pueden desembocar en un duro golpe para la nación.
El episodio Néstor Humberto Martínez-Jorge Enrique Pizano es la nueva gota en un vaso suficientemente agitado en la coyuntura nacional. Las dudas que aparecen sobre qué tanto sabía el entonces abogado del Grupo Aval sobre los actos de corrupción de Odebrecht en Colombia y qué obligación tenía antes y ahora en su función de fiscal sobre los hechos ponen nuevamente en la mesa la discusión que enmarcó su nombramiento como posible juez y parte. Un lujo que no se puede dar en el segundo puesto más importante del país.
El caso, ensombrecido aún más con las muertes del testigo más importante en el tema Odebrecht y de su hijo, se da en momentos en que el país está experimentando la cocción de las movilizaciones y marchas de descontento más severas de los últimos años. Los colombianos hemos visto cómo semana a semana salen a las calles más personas que protestan por la educación, la ley de financiamiento y muy seguramente mañana contra la corrupción y exigiendo la renuncia del propio fiscal.
La coyuntura le cae como anillo al dedo a políticos como Gustavo Petro, quien desde el instante de su derrota en la carrera presidencial llamó a la resistencia y las movilizaciones. Solo días después de la muerte de Pizano, el ahora senador dio una entrevista en la que, sin pruebas, intentó capitalizar a favor de su discurso.
El aún nuevo gobierno del presidente Duque está en la obligación de pasar rápidamente del diagnóstico a la acción. Es imperativo que el mandatario dé línea sobre qué espera que pase en este nuevo caso que involucra al fiscal y que entre a jugar en la política pública que alimentan las movilizaciones.
De los incendios y las calenturas solo quedan las cenizas y esas no sirven para nada. El Estado necesita mostrar dientes en esta nueva circunstancia que involucra al fiscal general y esto significa que se nombre un fiscal ad hoc para la evaluación de lo sucedido lo más pronto posible. Si hay demoras, también empezarán a pescar en río revuelto todos aquellos que tienen problemas con la actual Fiscalía y ven en este caso una oportunidad para debilitarla.
Velocidad, transparencia y contundencia. De lo contrario, las nubes seguirán cargándose y pronto empezará a llover. Los truenos de la tormenta se llamarán constituyente y quién quita que incluso mañana los rayos empiecen hasta a pedir la salida del presidente. La película ya se vio en Venezuela y no tuvo solo como protagonista a Chávez, también la falta de acción y responsabilidad del establecimiento. Estamos advertidos.
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