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Los buitres se comen a los pingüinos

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Mientras les prestaban plata eran “los prestigiosos inversionistas internacionales”, pero cuando exigieron que les pagaran todo lo que les debían, rápidamente los empezaron a llamar “fondos buitres”.

Así se podría resumir este reciente episodio de la bananera historia financiera latinoamericana que deja la clara lección de que todas las deudas se deben pagar.

Todo comenzó en medio de la crisis de 2001, cuando el gobierno argentino decidió no pagar una deuda cercana a los US$100.000 millones. Tras una intrincada batalla legal, 93% de los acreedores aceptaron condiciones menores a las acordadas inicialmente y así salvar algo de dinero y cerrar el incidente. Sin embargo quedó un resentido 7% que prometió continuar exigiendo que le cumplieran lo acordado.

Catorce años después, la justicia decidió a favor de los prestamistas. Un juez de Nueva York le ordenó al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner pagar todo lo que le debe al remanente de inversionistas con los que el gobierno central no llegó a un acuerdo en 2001. Se trata de un caso muy interesante, ya que no hay precedente de que una determinación legal arregle un negocio entre el sistema financiero internacional y un país.

Para la Casa Rosada y sus inquilinos, conocidos localmente como los pingüinos, por venir de la Patagonia, se trata de una decisión legal que privilegia a la más cochina y corrupta estirpe de Wall Street. Una determinación que, según ellos, pone contra las cuerdas a un gobierno elegido democráticamente y a una nación que luego de infinitos esfuerzos por fin está viendo la luz al final del túnel tras más de dos décadas de precario funcionamiento financiero.

Sin embargo, esta es la demostración de que a los países y sus gobiernos, por mucho que deliren y se consideren con patente para pasar por encima de todo y de todos, les llega la hora en que deben pagar sus cuentas pendientes.

El gobierno de los pingüinos ha estado plagado de escándalos de corrupción que ha apagado cercando a la prensa, limitando la libertad de expresión y misteriosamente callando a sus enemigos. Pero este escándalo va más allá de sus perversos alcances. Ahora está en la boca de todo el mundo financiero, que a la larga es el que invierte o deja de invertir y, lo que es peor, presta o no presta la plata para que naciones quebradas como Argentina salgan de los problemas.

A los pingüinos les llegó la hora de los buitres y a éstos les pagas o te comen. No hay de otra. Es la ley de la naturaleza y gracias a Dios la naturaleza siempre tiene la razón.

* Luis Carlos Vélez, Director de Noticias Caracol

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