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Si en Estados Unidos se pudieran fundar partidos políticos como en América Latina, donde sólo hacen falta algunas firmas para crear tantos como panaderías, seguramente ya habrían creado uno nuevo y le habrían puesto de nombre Mamados.
Sí, Mamados. En colombiano castizo eso significa cansados, agobiados, hastiados. Su mensaje sería básico: mamados de la situación económica, mamados de la situación geopolítica, mamados de la migración ilegal, mamados del sistema de salud, mamados, hastiados.
Y es que en la unión americana está de moda estar cansados del establecimiento, del estado actual de las cosas, para gritar a los cuatro vientos por el cambio, sin importar lo que éste signifique o las consecuencias que pueda traer.
Es por eso que no es extraño que algunas campañas sean tan controversiales como populares. Es el caso de las propuestas de Donald Trump y Bernie Sanders, que han pasado de ser anecdóticas a tener posibilidades reales.
El magnate de bienes raíces ha logrado capitalizar el descontento nacional, a pesar de sus cuestionables comentarios frente a un sinnúmero de temas. Igual ocurre con Sanders, quien se aproxima a los mismos problemas con postulados de izquierda bajo las mismas premisas de descontento. Ambos son mensajes fuertes y extremos que resuenan fuertemente entre el electorado general.
Pero lo cierto es que este fenómeno está lejos de ser propio de EE. UU. y corresponde a una creciente situación global. Lo hemos visto en España con el nacimiento desde la orilla de la izquierda de Podemos, mientras que en Alemania y Francia el florecer de otras alternativas políticas viene desde las huestes de la ultraderecha. Estos fenómenos, al igual que en Norteamérica, han tenido como caldo de cultivo un creciente y serio descontento con el establecimiento.
La pregunta, entonces, es: ¿qué tan conveniente es el cambio por el cambio? El verdadero reto es poder convertir el descontento en soluciones tangibles a los problemas reales de la nación, no el de capitalizar en la inconformidad para gobernar en la utopía.
Todo esto ya lo vivimos en América Latina. El enamoramiento por el cambio nos trajo a los Chávez, Morales y Kirchner de turno, y las cosas salieron tan mal que ahora la solución es el restablecimiento del establecimiento. Uno que sin duda merece ser modificado y mejorado dentro de los parámetros de la realidad. Pero la verdad es que la razón nunca ha sido buen eslogan de campaña, así signifique un camino más corto, menos doloroso y definitivamente más barato.