Mi Klopp

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Apenas sonó el pitazo final, Mo Salah caminó certero en una sola dirección mientras que el resto del equipo se fundía en un abrazo con el arquero Becker, que esa noche había parado todo, convirtiéndose en la figura de la cancha. Al otro lado de su mirada fija estaba un hombre que ya había estado en una final siete veces sin poder terminar vencedor y que algunos, a los que les gusta sepultar a quien se equivoca y que celebran con la derrota de los demás, ya le habían puesto el remoquete de técnico perdedor. Fueron cinco segundos eternos en los que fácilmente esas miradas fijas se dijeron todo lo que no se puede expresar con palabras en la misma velocidad o vehemencia y donde, sin duda, sobraron afirmaciones como: “Te lo dije, sabía que íbamos a ganar”, o “te lo mereces, lo merecías y lo merecerás”.

Al recibir el trofeo, ya cuando las transmisiones de televisión se acaban para darles paso a los realities, el equipo hizo una cama de brazos para levantar a Klopp, el amo y señor de esta hazaña. De tenis rojos y gorra negra apretada, el mister no paraba de sonreír. Era una avalancha de emociones que en tres finales continentales anteriores no había podido tener.

Y es que hasta el sábado el técnico parecía saber más de perder en instancias finales que de ganar. A pesar de haber dado gestas improbables con el Borussia Dortmund, perdió en el 2012 ante Bayern en la final de la Copa de Europa, luego ya con el Liverpool cayó frente al Sevilla en una Europa League y hace tan solo un año Sergio Ramos lesionó a su emperador egipcio, arrebatándole una Champions frente al Real Madrid.

Pero al que le van a dar le guardan. Hoy Klopp es el entrenador más apetecido del mundo, sus estudiosos dicen que es metódico, directo, trabajador, inspirador y carismático. Aunque aseguran que detrás de esa sonrisa permanente que sirve como alfiler para desinflar el globo de las tensiones, está un hombre obsesivo y perfeccionista hasta el detalle. Todo un ganador.

La escena termina, salen los hinchas de ese nuevo templo que se llama el Metropolitano en Madrid, y todos nos fundimos en el metro de regreso al hotel. Aún beodos de alegría por el juego, pero aun más por las lecciones que nos da la vida con esta cosa linda que es el fútbol. Y a mi lado entre los estrujones de los hinchas está mi padre, con quien comparto hace años esta experiencia de las finales de clubes europeos. Está en silencio y no me dice nada, pero yo le estoy diciendo que, por todas sus batallas ganadas en la vida, él es mi Klopp y ojalá algún día yo pueda ser su Salah.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido