Movámonos

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Colombia merece que algún día, y ojalá rápido, las Farc dejen de poner presidente. La discusión extrema, partidista y divisoria a la que nos trae esta organización, cada vez más desteñida y decadente, no está a la altura de nuestros verdaderos problemas y mucho define nuestro futuro. Me explico.

El odio que generan las Farc ha sepultado discusiones tan necesarias como urgentes, como las económicas, entre las que se destacan la reforma pensional, el establecimiento de un modelo que genere verdaderas oportunidades para todos, el acceso a la educación y a la salud y, por supuesto, el combate a la corrupción.

Por ejemplo, estamos tan deseosos de venganza y con tanta sangre en los ojos que muchas veces de entrada olvidamos el problema que nos destaca negativamente a nivel mundial, y este es el de la desigualdad. Según datos de la Cepal, Colombia es el segundo país de América Latina con peor distribución del ingreso, sólo después de Honduras, algo que es aún más preocupante cuando entendemos que América Latina es la región más desigual del mundo. Terrible.

Con sólo mencionarlo, y ante la ausencia de sangre en esta columna, estoy seguro de que estoy a punto de perder muchos lectores en este momento. Con bostezo acompañado, algunos dirán: “qué pereza leer de economía”, “otro mamerto preocupado” o, tal vez, “qué inocente: la solución a todos los problemas es bala”, pero la realidad es que un país en esta situación, sin una hoja de ruta clara, está destinado a apagar incendios, vivir en la mediocridad y sepultar a su población en la discusión de temas que no contribuyen a que en el largo plazo nuestros hijos vivan en un mejor lugar. La desigualdad es el origen de nuestros problemas como nación y los beneficiados hoy son los menos interesados en solucionarlo.

Atención a lo que voy a decir. Gracias a la guerra de frente que el presidente Uribe les declaró a las Farc, con las armas y tratados que logró el presidente Pastrana y la posterior negociación para llegar al fin del conflicto adelantada por el presidente Santos, las Farc son hoy parte del pasado y el sonajero que algunos nos han puesto, como a los bebés, para distraer la atención, mientras otros se comen el pastel que debería ser construido y repartido entre todos.

No se confunda, este es no es un discurso de izquierda ni mucho menos, es el discurso de los que profesamos una economía abierta, de libre competencia, negocios prósperos y oportunidad.

Para doblarle el pescuezo al tema Farc, la posibilidad más práctica sería exigirles el cumplimento a rajatabla de lo pactado, no de lo que algunos hábilmente quieren incluir en lo negociado, y si se repiten los delitos o crímenes, juzgamiento inmediato de la justicia tradicional. De ahí en adelante, la discusión se debe centrar en serias transformaciones para lograr un avance económico competitivo, libre y equitativo, por supuesto, radicalmente opuesto al del socialismo del siglo XXI.

Estas elecciones son una nueva oportunidad para lograr este objetivo. Queda un mes para que todos tomemos una buena decisión y para que los candidatos nos muestren con claridad su hoja de ruta. No dejemos que las Farc nos marquen directa o indirectamente el candidato. Ya lo han hecho durante más de 50 años. No más.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido