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Las Farc terminaron dando bala porque nunca supieron a hacer política, y lo peor es que después de 40 años de guerra y en pleno proceso de paz, siguen sin aprender.
Sus atentados representan un grave desconocimiento del sistema que implica un proceso de refrendación en el que los colombianos definiremos si apoyamos o no lo acordado, una vez terminen las negociaciones en La Habana.
Cada ataque a la población o emboscada a la Policía, como la de la semana pasada, cuando dejaron siete uniformados muertos, le echan leña a una hoguera de odio nacional. Es como si no entendieran que las negociaciones de paz, en sí, son antipáticas para un gran segmento del país y que, por lo tanto, el camino para que la nación apruebe lo negociado por las partes será muy difícil.
La guerrilla debe entender que ya no pudo cambiar las reglas del Estado y que, por lo tanto, debe acomodarse a ellas para jugar bajo un plano político. De lo contrario, no sólo seguirá siendo vencida en lo militar, sino que tendrá una derrota política, cuyo primer juego en esta etapa será disputado en el terreno de la aprobación de lo acordado en la mesa. Recuerdo mi primera entrevista con el presidente Santos, hace dos años. En ella dejó claro que la refrendación sería lo más difícil del proceso. En la conversación, pasó de la euforia a la preocupación cuando entramos en el terreno de cómo el proceso sería confirmado por el pueblo colombiano. Entonces, me confesó que existía la posibilidad perversa de que todo se fuera al traste si los colombianos decidiéramos decirle no a lo que con mucha dificultad se negocia en Cuba.
Tan difícil será la refrendación del proceso que el Gobierno y sus amigos están abocados a la muy atractiva campaña “Soy Capaz”, que aunque se afirme que es una iniciativa independiente, es difícil separarla de los objetivos de un Ejecutivo cuyo objetivo principal es lograr un acuerdo de paz.
Todo esto se da durante la misma semana en que visitaron a Colombia dos de las voces políticas más reconocidas de Europa, y cuya postura sobre los caminos que deben seguirse frente al terrorismo son muy distintos. Dominique de Villepin, ex primer ministro francés, dice que los conflictos deben resolverse negociando, mientras para José María Aznar, expresidente del Gobierno español, la mano dura a los terroristas es la única salida. Sin embargo, en entrevistas a Noticias Caracol, ambos dijeron que el proceso de paz que adelanta Santos con las Farc es la llave para liberar el gran potencial que tiene nuestra nación.
Señores de las Farc, nunca en la historia han tenido una oportunidad tan certera de salir dignas de décadas de guerra. No ha existido escenario donde el sector privado, el Gobierno y la comunidad internacional estén alineados con una salida política al conflicto. No se la tiren con atentados terroristas y ataques a la fuerza pública. La gente de por sí no las quiere; no le den más razones para no apoyar una iniciativa que puede ser su última tabla de salvación.
Luis Carlos Vélez *