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Una vuelta innecesaria

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Cuando el proceso de paz empieza a ver la luz al final del túnel, es determinante tener claro cuál es precisamente esa luz.

Fue el propio presidente de la República quien esta semana anunció al país que este será un año determinante para el proceso de paz. En esa misma alocución, el mandatario reveló que había dado la instrucción a sus negociadores de empezar a negociar el cese al fuego bilateral.

La afirmación es tan importante como confusa. Algunos interpretan que su significado es que los delegados del Gobierno empezarán a conversar lo más pronto posible con las Farc las condiciones de cesar las operaciones militares, teniendo como supuesto que las Farc están cumpliendo con su cese unilateral indefinido.

Otros, basados en postulados anteriores del propio presidente Santos, aseguran que esa afirmación fue simplemente un recordatorio disfrazado de zanahoria, que tiene como objetivo traer a la memoria de las Farc que al final de las negociaciones, una vez se llegue a un acuerdo en la totalidad de los puntos de la agenda, se acabarán las operaciones en su contra. Es decir, palabras emocionantes, pero que poco significado práctico tienen en el corto plazo.

Lo que sí es cierto en ambos escenarios es que desde ya se está planteando el llamado desescalonamiento del conflicto. Una figura que define el cese progresivo de actividades militares en contra de la guerrilla. Pero para que éste sea efectivo, empieza a sonar con fuerza una alternativa que preocupa y se está dando a conocer como la etapa de concentración de los insurgentes. Es decir, que para que se disminuyan los operativos de guerra en contra de las Farc y se pueda tener un control limitado de sus acciones, se buscaría la forma de que sus miembros se ubicaran en una zona específica del país.

Así las cosas, nos encontraríamos con un episodio muy parecido, por lo menos en la forma, al del Caguán, donde se crearía un territorio en el que no habría acciones en contra de la guerrilla, mientras en Cuba sus delegados terminan de negociar la agenda pactada con el Gobierno.

El país no toleraría la caguanización de este proceso de paz. No habría manera de venderle al país que tras dos años de negociaciones intensas y dos años de acercamientos, entráramos a una fase que la Nación ya conoce y que fracasó rotundamente al convertirse en una que representó nuevamente la traición de la guerrilla a las intenciones de paz del Estado. Sería una vuelta innecesaria.

A medida de que la administración y sus delegados se acercan al final de las negociaciones, deben tener claro que los incentivos para llegar a acuerdos de este tipo aumentan, por eso es determinante tener presente que un paso intermedio de estas características se debe evitar a toda costa, ya que inevitablemente sabemos cómo termina.

*Luis Carlos Vélez, Exdirector de Noticias Caracol.

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