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El gobierno venezolano es especialista en confundir y nunca asumir responsabilidad de lo que ocurre bajo su control.
Por eso no es sorprendente que ahora el presidente Nicolás Maduro esté sugiriendo que el asesinato de la exreina y actriz Mónica Spear haya sido un acto selectivo y no el resultado de lo que en realidad fue: un vil atraco en plena carretera.
Claro, reconocer que los robos violentos pululan en Venezuela sería de alguna manera darle razón al Observatorio de Violencia que asegura que en esa nación matan a una persona cada 21 minutos y que en 2013 se registraron 24.700 muertes violentas, algo que niega tajantemente el régimen chavista.
En los próximos días seguramente no faltarán voces emanadas de las entrañas de la administración central que aseguren que la muerte de la famosa artista es en realidad producto de un plan del imperio y la oposición para desestabilizar al exitoso gobierno nacional, que cuando culmine su plan socialista dará muerte natural a la violencia.
También culparán a la prensa, que cuando reporta este tipo de hechos es señalada de amarillista y de querer crear la sensación de inseguridad. Ellos simplemente no quieren ver su realidad, y cuando se la muestran, en vez de dar una solución tienden a querer romper el espejo que les muestra su verdad.
Ignoran que este asesinato y los muchos que se registran a diario se dan por la corrupción policial, la falta de incentivos para trabajar que genera un Estado proveedor y la impunidad.
Mi familia fue víctima de una situación similar. Hace cinco años viajamos de vacaciones a Isla Margarita, y luego de visitar un centro comercial, regresando por carretera al hotel, fuimos perseguidos por un vehículo con tres hombres que nos cerraron y obligaron a descender del auto para robarnos todo lo que llevábamos, no sin antes insultarnos, tirarnos al piso, golpear a uno de los nuestros y amenazar con matarnos.
Al llegar al hotel apareció un grupo de policías que, sin haberles contado lo que había pasado, misteriosamente sabía detalles de lo ocurrido y estaba más interesado en hacer un inventario de lo sustraído que en obtener información de lo sucedido y sus autores. Luego, el mismo personal del hotel celebró que no les hubiéramos dado detalles porque sospechaban que los uniformados hacían parte de la misma banda que nos había robado y que lo que estaban haciendo era cruzar información para distribuirse el botín y no resultar “tumbados” por los ejecutores del delito.
La violencia en Venezuela ha sido cultivada por el mismo régimen. El país ha visto cómo en estos años de gobierno chavista se ha cuadruplicado el índice de homicidios. Cuando Chávez asumió el poder hace quince años había 19 muertes por cada 100.000 habitantes; ahora son 79. Chávez y Maduro son en parte culpables del aumento de la violencia. Su discurso está lleno de palabras incitadoras. Gracias a ellos, en el país se libra una “guerra contra la oligarquía fascista” que ordena “acabar con los escuálidos” patrocinados por el “imperio asesino”. Se trata de una retórica que fomenta el resentimiento social, que ve con buenos ojos el llamado “todo vale” en aras de defender el modelo irracional económico que poco a poco acaba con esa bella y rica nación.
* Luis Carlos Vélez, director de Caracol Noticias