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Luego de seis años en el actual gobierno Cambio Radical parece recién enterarse del proceso de Paz.
En la foto de la coalición para la Paz de la semana pasada no están todos los que son ni son todos los que están. No están sectores del Partido Conservador, la Alianza Verde o el Polo que se han jugado con la Paz. Está Cambio Radical, que ha mantenido una postura extraña. Es que su agenda política no depende de los problemas de Colombia si no de la aspiración presidencial de Germán Vargas.
El comunicado de ese partido con advertencias por la manera como se están desarrollando las sesiones del congreso que buscan otorgar facultades al presidente para concluir el proceso de Paz es, en realidad, una constancia que pretende cubrirles en lo que pueda venir. Mejor dicho, una manera de blindar la candidatura del Vice presidente, reafirmando que sigue jugando con dos cartas, con la Paz o, si le conviene, contra ella. Gajes del oficio, relacionados con la doble condición de candidato y vicepresidente que para muchos sigue siendo inédita e impresentable.
En Colombia hemos acuñado la expresión “dinámica”, para dar una connotación académica a la manzanilla o voltiarepismo en la política. Cuando la falta de principios se convierte en uno, tal vez el único, que explica la conducta ecléctica de quienes privilegian el objetivo, acceder a los presupuestos públicos, sobre los medios para conseguirlo, pasan cosas así. El caso de Cambio Radical se está volviendo un modelo de esa manera de hacer política.
Al vicepresidente no se le puede acusar, sin embargo, de falta de coherencia. Desde siempre ha sido claro en que su candidatura presidencial hace las veces de principios; hilo conductor; programa e ideología. Ello le ha permitido una gran flexibilidad que hace compatible un discurso de transparencia en las ciudades, para la gran opinión, y otro “pragmático” en las regiones donde se valen alianzas con cualquiera. Conviven en ese partido perfiles como el de Carlos F. Galán, quien se negó a conceder avales a dirigentes cuestionados y renunció a la presidencia de ese movimiento para no tener que hacerlo, con políticos como Rodrigo Lara, quien no tuvo ningún problema en hacer el “mandado”.
Suena chistoso que un Partido que exigió, consiguió y estrenó, sí señor, funciones ejecutivas para la vicepresidencia con tres ministerios incorporados; que ha sido señalado de utilizarlos en las pasadas elecciones regionales, acuse ahora al ministro del Interior de recurrir a la manzanilla .Es el diablo haciendo hostias, una versión oportunista de la Paz.
Lo que se va a discutir en el congreso son unas herramientas mínimas, pero indispensables, que permitirán hacer operativos los acuerdos. El comunicado de Cambio Radical es extemporáneo y está fuera de lugar. Si su objetivo fuera buscar las mejores soluciones está el escenario del congreso que ha sido convocado para ello; la coalición o el mismo consejo de ministros. Al manifestar su “inconformidad” públicamente, trata de sacar provecho de la situación. Seguramente las zonas de concentración generarán incomodidades en sectores de la población y el partido del vicepresidente-candidato trata de “canalizarlas”, por anticipado, con fines puramente electoreros.
Como se ha dicho, cuando se trata de ministerios, puestos y contratos que favorezcan su aspiración presidencial, como en los pasados seis años, han sido parte de la coalición sin objeciones, pero ahora, cuando quedan solo dos, quieren parecer sorprendidos por detalles que harán realidad el objetivo bandera del gobierno en el que han cogobernado . ¿Falta de solidaridad o sentido de Estado? Apenas mala política. Politiquería.