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Apostar por la unidad, expresar la razón de Estado propia de su investidura y no tomar partido por los extremos de una opinión polarizada le han pasado factura. Pero la caída del presidente en las encuestas puede explicarse, también, por la propuesta de extender el IVA y la movilización del sector educativo; mucho más por la manera inadecuada como se presentaron y afrontaron. Se ha notado falta de coordinación en el alto Gobierno, entre este y su partido, una apropiada estrategia de comunicación y falta de anticipación y previsión. Hasta allí sus errores. ¿Existen otras razones?
La anunciada ampliación al IVA puso a los colombianos pesimistas. Se nota en la encuesta de Invamer en la que el presidente pierde el 50% de su favorabilidad en apenas dos meses. En una entrevista radial dijo, con sentido, que no se debe gobernar basado en encuestas. Debe considerar que tampoco se puede, ni se recomienda, hacerlo sin ellas. Conocer tendencias, razones y emociones de los ciudadanos es el fundamento de la gobernabilidad en la opinión. Desde hace mucho, las ciencias de gobierno se ocupan del tema.
En la misma entrevista el presidente expresó que, seguramente, no se comunicaron apropiadamente los logros de su Gobierno. El asunto es más complejo y revela descuido y desatención en la comunicación política, una importante herramienta de gestión. Por principio resulta más conveniente gobernar con la opinión, y navegar con el viento a favor, que confrontarla.
Pero es absurdo adjudicar la situación de las finanzas públicas y la economía, en 100 días, a este Gobierno. También, imputarle la falta de pertinencia y adecuación del actual modelo educativo en la sociedad digital, un hecho poco mencionado en unas marchas estudiantiles centradas en falta de recursos para sostener un modelo que, evidentemente, requiere ajustes. No habla bien del movimiento estudiantil la reducción de sus reclamos a escuetas cifras sin considerar la necesidad de un nuevo modelo educativo. ¿Y la plata, para qué?
Pero, en cambio, les cabe responsabilidad a miembros del gobierno en las propuestas para resolver el déficit fiscal. Se han buscado consensos y caminos solo después de presentada una propuesta cuyas reacciones no era difícil anticipar.
Existen otros factores que explican el desgaste presidencial. El más importante puede ser la vigencia de la polarización; las opiniones extremas ante un presidente que ha tratado, como corresponde a quien representa a todos, de interpretar la razón de Estado; el equilibrio y por tanto unir más que dividir. No ha caído bien, entre sus ahora críticos a la derecha, su persistencia en el respeto a los acuerdos firmados, mientras sus críticos a la izquierda lo siguen observando como el ungido del expresidente Uribe.
Otro factor decisivo ha sido la ausencia de una coalición estable que garantice gobernabilidad en el Congreso, aunque el presidente hubiese renunciado a ella para no pagar el alto costo que ha significado la mermelada tóxica y el desbordamiento de la corrupción, por la convivencia en la contratación de congresistas y gobiernos regionales. Ello ha implicado confrontar con importantes sectores políticos. El Gobierno lo sabía y esperaba que al exponer a la opinión a esos sectores podría inducir, con éxito, transformaciones en las costumbres políticas de los congresistas.
Por el contrario, en el pulso hasta ahora va perdiendo: de acuerdo con el proyecto de reforma en curso un 20% del presupuesto de inversión será de “iniciativa congresional”. Sigue la mermelada y el Gobierno, o su nuevo modelo de relación con el Congreso, se va quedando sin una coalición estable y sin conseguir resultados. Con el pecado, la negativa reacción de la opinión, y sin el género.
Finalmente, como advertimos desde esta columna, una propuesta de ampliación del IVA siempre será impopular, mucho más si no se acompaña de hechos probados contra la corrupción. A la gente le resulta, por naturaleza, difícil pagar impuestos. Peor, si observa diariamente el mal uso de ellos. Una equivocada estrategia al costo, por ahora, de la pérdida de respaldo popular. El Gobierno tiene tareas por asumir. Afortunadamente, también tiene tiempo para hacerlo.