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El cogobierno de Vargas Lleras

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Los reclamos públicos a sus compañeros de gobierno, en un momento de dificultad, dejan ver que su agenda como candidato está por encima de sus deberes como funcionario. ¿Fracasa la figura de vicepresidente ejecutivo?

Bien difícil debió resultar para el gobierno convencer a las demás fuerzas políticas y a la ciudadanía de que sus gabelas como vicepresidente, o copresidente en funciones, no daban para aplicarle las mismas inhabilidades que al jefe del ejecutivo en la reforma de equilibrio de poderes. Tratándose de equilibrar, no existen razones para que un vicepresidente, en este caso ejecutivo, no cumpla con los mismos requisitos. Aunque la reforma no debe referirse a personas, para vetarlas, tampoco debería favorecerlas.

La figura del vicepresidente ejecutivo, hecha a medida para Vargas Lleras, no encuentra antecedentes en nuestra historia constitucional. Si tiene autonomía en el nombramiento de ministros y presupuestos, y el principio del equilibrio de poderes es la no reelección, resulta elemental que junto con esos privilegios se establezcan contrapesos y límites. De lo contrario estaremos observando cómo se construyen leyes a favor de un colombiano por encima de los demás.

Frases del tipo “el gobierno se la pasa diciendo en todos los foros nacionales e internacionales”, refiriéndose a la publicitada infraestructura, dan a entender que el de Santos es, para él, un gobierno diferente al “suyo”. Un estilo impropio de quien se esperan más ejecutorias que excusas. Se le han subido a la cabeza las encuestas. Ni hablar de solidaridad, condición fundamental de los seres humanos y de un altísimo funcionario.

Las dificultades presupuestales de Colombia, luego de la caída en los precios del petróleo, son un asunto de Estado que compromete a todos. Aunque el vicepresidente no se ha caracterizado por su solidaridad, nadie esperaba que en un momento así mostrara un perfil tan “extraño”. Deja la impresión de que su función se limita a gastarse la plata que consiguen los demás; como un niño “mal educado” se pone bravo porque no hay, y la única vía que le interesa pavimentar, en realidad, es la que conduce a la presidencia en 2018.

Vargas Lleras ha sido un político con inmenso olfato: en 1998, apenas unos días antes de elecciones, dejó abandonado a Horacio Serpa y se pasó al Uribismo, del que se retiró luego de participar en su gobierno para convertirse en uno de sus mas fuertes contradictores. ¿Sera que interpreta que las cosas se le complican a Santos por asuntos como el relativo estancamiento del proceso de Paz, la “rebelión” judicial, con arandelas como la suspensión de la venta de Isagen, y se avizoran dificultades en la economía por el desplome petrolero?, ¿Está tratando de dejar constancias para no complicar su aspiración presidencial o solo esperando el momento adecuado y a conveniencia para dejar el barco?, ¿Volverá al Uribismo?

Uno de los argumentos más usados por defensores de oficio del vicepresidente, según el cual los contradictores políticos tratan de bloquear su aspiración presidencial, no hace sino confirmar un conflicto de intereses entre el vicepresidente ejecutivo y el candidato presidencial .Antes que excusarle es una prueba de las evidentes ventajas con que juega un vicepresidente en trance de candidato.

Muchos congresistas que participan en la reforma de equilibrio de poderes tienen, en sus regiones, proyectos que dependen directamente del vicepresidente. Ello puede tener efectos legales hacia el futuro, advirtiendo de inhabilidades que deben ser sopesadas por la corte constitucional, y ratifica el desequilibrio explícito a favor de un Vargas Lleras que tiene todo el derecho a buscar la presidencia, pero que podría ser más consistente con la misión para la que ya fue elegido, entendiendo que la tarea de gobernar no solo se refiere a sus particulares objetivos ni, de manera exclusiva, a las épocas de bonanza. Por si acaso, también existen referentes como lealtad, solidaridad e interés general. Su posible elección en 2018 es una opción importante, pero no obligatoria para los colombianos.

Después de sus disculpas, solicitadas por Santos, ¿Confiarán en él, como si nada, la ciudadanía, sus colegas y el mismo presidente?

@herejesyluis 

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