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De acuerdo con las encuestas hasta ahora publicadas, la de alcalde en Bogotá no sería una elección competida debido a su amplia ventaja. Pero los antecedentes electorales de Bogotá y la actual coyuntura política podrían modificar las cosas.
Pasan los días y, desde que formalizó su aspiración por la Alianza Verde, doña Claudia sigue liderando las encuestas por mucho. Vale decir que su candidatura avanza utilizando herramientas de vanguardia propias del análisis y mercadeo político más avanzado. Para comenzar, su postulación fue resultado de una consulta-encuesta, un procedimiento que ya había mostrado su eficiencia en la candidatura presidencial de Duque, para promover y consolidar liderazgos, a manera de primarias, como se hace en Estados Unidos y como debiera ser en todas las colectividades democráticas.
Su aspiración despegó bien y desde entonces va “en coche”: así lo revela un estudio de Invamer realizado finalizando abril en la que aventaja a su más inmediato contendor, Carlos Fernando Galán, por casi 30 puntos (45,9% a 16,1%). En una más reciente, realizada por Guarumo, su ventaja se reduce, pero su posición se afirma: bajó su intención de voto, pero la de Galán también. Le sigue aventajando por 16 puntos (26 % a 10 %).
Un análisis del comportamiento electoral en Bogotá revela que en la capital no funciona la polarización de la misma manera que en el resto del país; que la participación se ha situado entre 47% y 51%, y que los dos últimos alcaldes fueron elegidos con el 32%-33% de los votos, a falta de una segunda vuelta; un 17% del censo electoral. La institucionalización del voltiarepismo impide analizar partidos, movimientos y tendencias, pero no es difícil, pese a ello, identificar en Bogotá dos grandes tendencias mayoritarias; ambas de centro y una de ellas inclinada hacia el voto contestatario o “de izquierdas”. ¿Con cuál buscará identificarse la candidata que puntea las encuestas?
Es necesario considerar que su más importante elector es el profesor Sergio Fajardo, con quien, en su condición de candidata vicepresidencial, alcanzó en Bogotá 1.240.000 votos, una cifra superior a la que consiguieron Peñalosa, Petro y Samuel Moreno cuando fueron elegidos. En esa misma ocasión la segunda votación fue la de Petro-Robledo con 1.100.000 votos. ¿La acompañará, finalmente, Petro en su aspiración o se dejará contar a través de Robledo? Y si lo hace, ¿la acompañará Sergio Fajardo? Difícil decisión para doña Claudia y la tendencia que observan en ella sus propios electores.
En cuanto a los demás aspirantes, la fragmentación señala que tienen aún posibilidades reales Galán, Robledo y Uribe. Si, como todo indica, Robledo insiste en su candidatura, se dividirá, formalmente, el voto contestatario -de izquierdas-, aumentando las posibilidades de consolidación de la otra gran tendencia que, por antecedentes e historia, estaría representada hoy por Galán. Tendríamos, entonces, tres candidatos significativos: López, Robledo y Galán.
Este último podría “recoger” los votos de la tendencia más centrista, casi 800.000 en la pasada elección de alcalde, y añadir los de la derecha, 327.000 logrados por Francisco Santos en esa misma elección (ese electorado mantiene su votación, prácticamente, constante con 376.000 votos de Parody en 2.011 y 350.000 de Vinasco en 2007), alcanzando una cifra suficiente para competir y, eventualmente, ganar.
Mientras la candidata Verde ha logrado consolidar una expectativa y un electorado y “solo” depende de su caracterización “hacia” Petro o Fajardo, dos importantes pero excluyentes grandes electores, Galán no consigue aún apuntalar la coalición que necesitaría. Falta ver la manera como las dos candidaturas jugarán sus cartas y su propia propensión al error en el juego electoral. La evolución de alianzas y coaliciones en la política nacional pondrá su parte de influencia en la elección de Bogotá, y en ella la postura, más que un guiño, del presidente Duque será importante.
Como se ve, a pesar de su considerable ventaja, la candidata Verde aún no “está elegida”. Los cinco meses que faltan para la elección tienen muchos hechos por suceder, entre ellos la eventualidad de algún “gallo tapado” si Galán no se consolida, para definir la elección.