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Después de elecciones no debemos olvidar que el sustento del pos conflicto no es otro que una economía saludable; un gobierno haciéndola posible y un equipo coherente que interprete el discurso que ganó las elecciones.
Pasará un tiempo largo antes de ver los Rendimientos de la Paz que, según todos los cálculos, podrían disparar el producto interno Bruto. Es inútil, como proponen algunos, establecer si primero crecemos y luego redistribuimos, pero es seguro que las políticas públicas a ejecutar deben tener sintonía con el proyecto social que ganó las elecciones, reconociendo que la iniciativa y la inversión privadas serán fundamentales, así como la actitud del nuevo equipo de gobierno.
Mientras hacemos cábalas acerca de la composición política del nuevo gabinete, y asistimos a las naturales pugnas políticas, con frecuencia olvidamos las metas que debe conseguir. Ese ejercicio es tanto o más importante que proyectar los resultados electorales y cuantificar las sillas en el gabinete que corresponden a las diferentes fuerzas de la coalición y a su expresión en el nuevo congreso. La credibilidad del gobierno y no solo su gobernabilidad, la que por cierto no se limita a la expedición de leyes, pueden depender de ello.
¿Y cómo es esto? La explicación es sencilla y tiene que ver con sectores que no se encuentran proporcionalmente representados políticamente pero serán decisivos a la hora de los grandes acuerdos y sus desarrollos. Además de los grupos armados desmovilizadosy los sectores sociales que votaron, debemos considerar a los gremios, los grupos empresariales y la inversión extranjera que no votan pero inciden en la estabilidad de la economía, en un marco en que las variables externas delimitan buena parte de nuestro desempeño económico, los impuestos que se pagan y los empleos.
Estas variables deben ser consideradas en un nuevo equipo de gobierno que tiene como objetivo garantizar unos acuerdos y sus desarrollos de manera armónica con el mantenimiento de la confianza y la dinámica de crecimiento que ha traído el país.
Las circunstancias no son blancas o negras: la economía creció al 6.4% en el primer trimestre pero el tamaño del presupuesto en 2015 hará necesaria una reforma tributaria; la economía mundial mejora y hay buenas, aunque lentas, perspectivas para Europa y los Estados Unidos, nuestros clientes, pero las turbulencias persisten; se ha previsto estabilidad e incluso, caída, en los precios de los productos que exportamos, pero no tenemos dificultades de pagos; la inflación está bajo control, pero es incierto el efecto en el mediano plazo del aumento en la tasa de interés que, por otra parte, ayudará a un dólar “barato” y a una reducción de los precios internos de insumos y alimentos que compramos etc.
El gobierno debe poner sobre la mesa sendas reformas a los sectores de justicia, salud y educación, además de una definición de políticas para el sector agrario que lo van a exigir a fondo, para lo que necesitará el respaldo de partidos y movimientos y, sobre todo, refrendar el respaldo de la gran opinión. Los costos de estas reformas y de los eventuales acuerdos, lo que conocemos como el post conflicto, plantearán un nuevo panorama y también necesitarán de un equipo con experticia técnica y también política.
El nuevo gabinete debe ser capaz de conseguir el respaldo ciudadano necesario; transar y proponer reformas; convocar; consensuar y ejecutar el presupuesto público orientado por el propósito que en las pasadas elecciones concitó a la mayoría de los colombianos: la consecución de la Paz. Para ello el presidente necesita mantener la coherencia entre su equipo y su discurso.
@herejesyluis