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Es la hora de que el expresidente Uribe y el gobierno depongan sus ánimos y se sienten a conversar. La historia les juzgará si no lo hacen. ¿Qué se hizo Germán Vargas? ¿Qué opina de los acuerdos Peñalosa?
Con el respaldo pleno de la comunidad internacional, liderada por los Estados Unidos, la Unión Europea y el Papa, lo acordado en La Habana puede mirarse con optimismo. Al fin de cuentas el país y la política han girado las últimas décadas en torno a la búsqueda de la Paz. Pareciera ahora más cerca que nunca, aun con los “sapos” que cada quien deba tragar. Para conseguirla, existiendo muchos pendientes, tres asuntos son relevantes.
El primero de ellos es la postura de las Farc en lo que falta, esperando que no se les ocurra otra “sorpresa” para presionar, como la de Nariño, cuando terminaron la tregua unilateral sin avisar, y de echar vainas y seguir sembrando cizaña, como hizo el viernes Anncol al “preguntar” si la justicia transicional, el tribunal para la Paz, también juzgará al presidente. Es una forma de corresponder al esfuerzo y voluntad del gobierno que se ha jugado contra la corriente, representada en el gran porcentaje de colombianos que, con razones, aún son escépticos. Es tan así que el vicepresidente no se ha comprometido, seguramente, para no perjudicar su aspiración presidencial, y el ex presidente Uribe en lugar de “aflojar” parece endurecerse.
Mientras la actitud de Uribe ha sido “frentera” la de Vargas resulta, por lo menos, extraña. Con las disculpas del Ministro del interior por no invitarlo a La Habana, la confusión en lugar de disminuir, aumenta: ¿Es tan diferente el gobierno Vargas Lleras al de Santos que no se comunican un asunto tan importante? ¿Está tan lejos del proceso de Paz el vicepresidente que no se enteró? ¿Está esperando “a ver qué pasa” para apoyar o disentir dependiendo de sus conveniencias? ¿Quiere ganar con cara y con sello? Se sabía que el vicepresidente cogobierna; que ya es candidato, con presupuesto “4 G” etc. y que tiene candidato propio a la alcaldía de Bogotá .Ojalá defina pronto si está con la Paz o contra ella y, de una vez por todas, si su participación en el gobierno se reduce a ministerios y firma de contratos.
Por último va siendo la hora de que gobierno y oposición Uribista conversen , teniendo como punto de partida la propuesta de Uribe de concentrar a las Farc que, en su momento, fue observada como una manera de confluir y encontrar salidas prácticas. La “Paz de Bogotá” debe buscarse y encontrarse antes de la firma en La Habana. No se trata de un asunto de política partidista si no de uno de Estado que, entre otras cosas, permitirá medir cuanto de estadistas tienen nuestros dirigentes. Una cosa es la Justicia a la que todos aspiramos; otra, la venganza; y muy otra seguir jugando con la Paz, un derecho de los colombianos, como argumento para ganar elecciones.
Deponer los ánimos es lo que toca. Desarmar esa agresividad propia de quienes no han sido tocados por la guerra por que viven en la comodidad de sus apartamentos o en las cafeterías de las universidades y para quienes el conflicto ha sido una referencia que cuentan los medios. ¿Qué aquí se han cometido atrocidades? Pues claro. De lo que se trata es de terminar con ellas y fortalecer al Estado para confrontar nuestros males unidos, comenzando con el narcotráfico, principal combustible de la guerra.
Posdata: Teniendo en cuenta que la Alcaldía de Bogotá es el segundo cargo más importante del país, valdría la pena conocer si la actitud de Peñalosa (con una imagen favorable de apenas el 29.7%, la más baja entre los candidatos con posibilidades) frente a los acuerdos es la misma de su jefe Germán Vargas.