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La opinión y la Paz

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A estas alturas de las negociaciones, una cosa está clara: el debate ciudadano y político acerca de los acuerdos marcha bastante atrás de unas conversaciones que, luego de tanto, son percibidas como lentas. ¿Se sincronizarán?

Causaron revuelo las declaraciones del fiscal general la semana anterior al proponer penas alternativas a los guerrilleros de las FARC. Inmediatamente se revivió una discusión que animó tanto la campaña presidencial como el periodo de gobierno anterior desde que comenzaron los diálogos, dejando en el ambiente naturales reacciones desde diferentes ópticas y la pregunta de si el necesario debate de opinión está rezagado en relación con el avance de los acuerdos en La Habana.

Justicia; reparación; verdad; impunidad; ¿proceso de paz o sometimiento? Y una lista de etcéteras volvieron a escena, en una discusión que lleva años y no se ha cerrado, entre otras razones, por falta del reconocimiento de responsabilidades de las partes, es decir de la guerrilla pero también de la dirigencia política. Al hacerse públicos los puntos acordados surge otra pregunta: ¿Existirán muchos colombianos que no estén dispuestos a firmarlos? Porque su contenido no justifica la prevención expresada por sectores políticos, pero tampoco tanta barbarie, como hemos tenido, durante cinco décadas y mucho menos que la actual situación pueda continuar.

La publicación de los acuerdos es, por todas las razones, un paso conveniente en la dirección de comunicar mejor lo que ocurre en La Habana. Es un acto de transparencia pero también una manera de ofrecer elementos de juicio para el debate político y ciudadano que retroalimentará y le hará bien al proceso. Es, también, una notificación por las partes de que nos encontramos en una nueva etapa que no puede perder de vista la refrendación ciudadana y la gran opinión. Al fin y al cabo los acuerdos y el éxito o fracaso no son solamente un asunto del gobierno si no de las mismas FARC, sobre el que la ciudadanía, en su momento, decidirá.

Esa opinión pública, con toda la carga de sentimientos e intereses, y los negociadores de La Habana se van a encontrar al momento de ratificar los acuerdos. Cualquier discusión y el “agotamiento” de los diferentes puntos de vista deben producirse ahora y no después de ratificados. Vale reconocer que nadie maneja los tiempos de los dos procesos pero quienes están sentados en La Habana tienen mayor información y responsabilidad en esa perspectiva.

Por eso no debemos alarmarnos por el alto volumen del debate y las reacciones a la propuesta del fiscal o las declaraciones del procurador, del ex presidente Uribe o de cualquier otra persona o sector. De eso se trata; bienvenidas las divergencias y, más bien, tanto la academia como los medios pueden contribuir positivamente a su categorización y difusión. La Paz no es un asunto “de los demás”. Un buen ejemplo de lo que puede hacerse lo dio la radio colombiana al enlazar emisoras para promover la campaña “yo soy capaz”.

Con frecuencia escuchamos el argumento según el cual “cómo será posible que quienes tanto daño hicieron” queden, eventualmente, en libertad. Después de tanto no les falta razón a quienes han padecido en primera persona la violencia, las víctimas directas, pero ¿Qué se puede sembrar o cosechar con sentimientos así? ¿Qué puede quedar, además de más violencia? El Estado mediante el dialogo, el derecho y la voluntad popular, en forma de referendo, deben sustituir a una “Ley del talión” que le dio origen a una espiral de 50 años de violencia. Es esta la hora de la verdad, la reparación y la justicia, pero también de perdonar.

¿Seremos capaces?

@herejesyluis

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