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La manera como algunos políticos devoran, literalmente, a sus partidos puede darles ganancias en el corto plazo. A la larga corrompe la democracia y aleja a la ciudadanía de la política.
La renuncia de Carlos Galán a la dirección de ese partido luego de que le “impusieron” candidatos a cargos públicos que, a su modo de ver, no cumplían sus expectativas, por dudas más relacionadas con criterios éticos que legales, revela la realidad de un partido que, en su momento, propuso un Cambio, radical, de las costumbres frente a lo que se consideraban prácticas corruptas y clientelistas de la “política tradicional”.
Después de su renuncia, al secretario del partido le fue suspendida su capacidad para expedir avales pero los que había concedido a dos candidatos en Antioquia y la Guajira se mantuvieron. Para una opinión informada como la de las ciudades, soporte histórico de los votantes del “Cambio”, fue, claramente, una maniobra para limpiar la imagen del partido y sus líderes. En Colombia todos sabemos que allí no se mueve una hoja sin el visto bueno del actual vicepresidente, en muchos casos y ministerios “presidente” en funciones, Germán Vargas, y que lo que está en juego es su anunciada candidatura presidencial y la capacidad de conseguir los decisivos votos de la Costa. Poco espacio queda para reatos de tipo moral aunque estos fueran la excusa con que se fundó el partido. “con quien sea con tal de ganar” pareciera decir la bandera de estos modernos corsarios de la política.
Los malos políticos tienen bien claro que el partido es lo de menos. Siempre encontrarán la manera de conseguir un aval, ojalá al amparo de otra propuesta de “Cambio” que, de paso, sirva como pretexto para crear un nuevo movimiento, recurrir a la recolección de firmas o, sencillamente, y si un esguince “legal” se lo permite, pasarse a otro por lo que han sido conocidos como “tránsfugas” sinónimo contemporáneo del tradicional “voltiarepismo”.
Circunstancialmente, las organizaciones, convertidas en la práctica en meros instrumentos para expedir avales, franquicias de “propiedad” y a la medida de sus dueños, se quedan con el pecado y los malos políticos se alzan con el género. Y los contratos.
Este es un ejemplo, de la manera como se pervierte un sistema del que los partidos son soporte fundamental para relacionar las necesidades de la población con el Estado. Continuar desprestigiándolos es una manera de degenerar la política mediante la cual las sociedades definen diferencias, necesidades e intereses. Las instituciones y el sistema político son patrimonio histórico de los ciudadanos y atentar contra ellos es una forma de corrupción, en la cual se fundamentan, por lo general, los gobiernos sin partidos consistentes.
Casos como este son los que producen pérdida de credibilidad en la política y explican que casi el 50% de colombianos habilitados para votar no lo hagan. Eso importa poco cuando de lo que se trata es de llegar al gobierno sin importar principios, programas ni condiciones mínimas de tipo ético y moral. En el reino animal se ven casos excepcionales como el león devorando a sus crías, o la hembra del escorpión que luego de copular con su pareja la devora para sobrevivir. Es lo que hacen los malos políticos al destruir los partidos que crearon con tal de conseguir sus objetivos personales. La táctica del escorpión .En esas estamos.