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Si, como señala la inteligencia norteamericana, Rusia intervino sus elecciones para instalar a Trump en el gobierno, este ex agente de la KGB gana la nominación justificadamente.
La expulsión de 35 diplomáticos Rusos de los Estados Unidos, faltando tres semanas para terminar el gobierno Obama, por “hackeo” en la campaña presidencial, nos pone ante un comienzo de año inédito. Las consecuencias de la acción de Obama son indeterminadas, como sus efectos en la gobernabilidad de Trump después del 20 de enero. ¿Son sus últimos actos de gobierno o las primeras constancias de la oposición ciudadana que ejercerá apenas entregue el cargo?
En primer lugar está el resultado mismo, un margen tan pequeño que cualquier alteración pudo ser definitiva. Trump perdió el voto popular por casi tres millones de votos pero pudo ganar por el sistema de elección que le otorga un peso diferente a los Estados. 150.000 votos, adecuadamente ubicados, fueron suficientes para su victoria. Luego de ella se empieza a hablar de los “Estados Divididos de América”, con una buena parte de congresistas republicanos que no gustan de Trump y mucho menos de Putin, y de la reforma del sistema electoral.
En segundo lugar, en esas elecciones se usó el mejor arsenal disponible de armas como el conocimiento del elector y la tecnología necesaria para alterar sus preferencias en el momento más oportuno. Las acusaciones a la señora Clinton y la divulgación de sus correos hackeados la última semana de campaña, fueron definitivas. No se trata de influencia de las redes o divulgación a través de ellas de mentiras sin responsabilidad editorial: es la manipulación de emociones y sentimientos, en este caso negativos, previa identificación de electores y tendencias, promovidas por un gobierno extranjero que tiene el conocimiento, recursos e intereses necesarios para hacerlo. Si Putin maneja Rusia como quiere desde el 2000, ahora el asunto es tan grave como decir que “puso” presidente de los Estados Unidos.
La respuesta de Obama fue acogida por líderes del congreso de ambos partidos y produjo reacciones como la expresada por el editorial del NYT el pasado viernes: “El presidente de la Cámara, Paul Ryan (Republicano), llamó a las sanciones apropiadas, mientras que el senador John McCain y el senador Lindsey Graham (También Republicanos) se comprometieron a esforzarse para imponer sanciones aún más duras. En menos de un mes, el Sr. Trump tendrá que decidir si se alinea con sus aliados democráticos en el Congreso o su amigo autoritario en el Kremlin”.
Para completar la indignación, en plenas celebraciones de año nuevo, el gobernador de Vermont Peter Shumlin acusó a Putin y sus hackers de cortar el suministro de energía en ese Estado.
Todo esto ocurre en un momento de gran incertidumbre para la economía, la política y las instituciones en todas partes del mundo: los hechos y la tecnología las están desbordando. La llamada Posverdad no es más que eso, pero menos tampoco. No se reduce a diferencias entre el deber ser y lo que las personas eligen en el cubículo o la falta de acierto de herramientas como las encuestas.
La democracia se encuentra amenazada: primero fue la globalización, al reducir recursos y margen de maniobra de los Estados Nacionales, previamente golpeados por la pérdida de credibilidad en la política y una extendida corrupción; luego, la falta de reglas y desarrollo institucional; después, la crisis de 2008 y sus secuelas, para llegar hasta este punto en que tanto en Estados Unidos como en Europa se vive un auge populista de “derechas” que reclama un retorno al pasado mediante la resurrección del autoritarismo proteccionista y el fin del multilateralismo; una manera costosa de resolver dudas sobre la coexistencia entre Democracia y globalización.
Aparte de lo que ocurra en Estados Unidos es en Europa en este 2017, donde el Brexit puso en jaque a la Unión Europea, que se definirá el futuro de esa coexistencia con puntos altos en las elecciones presidenciales francesas y las federales alemanas. ¿Jugará duro, también allí, nuestro anti personaje ? Por su cuenta se anticipa un año de gran incertidumbre.