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Santos, Uribe y dos asuntos de Estado

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Si la política fuera menos como es y más como debiera ser, tendrían que ponerse de acuerdo para firmar la Paz y buscar consensos sobre la economía.

Estamos, tal vez como nunca antes, ante una oportunidad, firmar los acuerdos con las FARC, y una grave amenaza, nubes negras sobre la economía nacional y mundial. Deberían ser motivos suficientes para que presidente y ex presidente se sienten a tomar tinto, como propuso la semana pasada el director del Liberalismo, Horacio Serpa.

Es que los dos temas reclaman unidad de todos los colombianos.

Cuando pasan cosas como las manifestaciones armadas que vimos y las reacciones que despertaron, no solo entre el Uribismo si no en la ciudadanía, es inevitable recordar la necesidad de ese acuerdo nacional que desde esta columna advertíamos desde el 2014 (Ver) y que, más allá del plebiscito, es la verdadera garantía de cumplimiento de lo que se firme. De que la Paz perdure. 

Frecuentemente el presidente Santos recuerda la fecha del 23 de marzo como límite para firmar. Tiene razón por que el desgaste de las negociaciones lo hace imperativo. La Habana ya “no da más”. Las circunstancias del país tampoco, ahora que la bonanza petrolera es un recuerdo. Toca acelerar, pero no solo con las FARC si no con los sectores de opinión que han estado al margen del proceso. Es muy poco tiempo, pero nunca es tarde para recordar que la Paz es de todos. Las pugnas políticas no pueden superar al interés de la Nación. No se trata de Santistas y Uribistas.

Por otra parte, la situación económica mundial comienza a ser, para muchos, una crisis global no declarada de grandes proporciones. Pareciera que no salimos de la de 2008. En Europa y Japón los bancos centrales agotan sus instrumentos de política comenzando a cobrar por las inmovilizaciones de capital a la banca privada. Entramos en la era de las tasas negativas, último recurso en el arsenal de política monetaria para producir la esperada reacción de la demanda mundial.

En Colombia, frente a un entorno externo de caída de la demanda agregada, las autoridades monetarias están, paradójicamente, promoviéndola con el aumento sostenido de la tasa de interés, lo que a muchos nos parece un error que llama a reenfocar no solo la política monetaria si no el modelo en su conjunto para responder debidamente a una situación excepcional. ¿Reducir la inversión del gobierno? Ni de vainas. En Europa, luego de intentarlo casi todo para salir del hueco, están concluyendo que “se necesita un plan de inversión pública contundente o todo es susceptible de empeorar”. En contravía, la semana pasada nada más, nuestras tasas de interés llegaron hasta 6.5% y tuvimos un nuevo recorte de 6 billones. No es correcto seguir asfixiando la demanda. Tampoco que se haga a espaldas del país, en otra galaxia situada a años luz de la independencia que concedió la Constitución a la Junta Directiva del Banco de la República.

El momento se complica con las decisiones de las calificadoras de riesgo que, apretando, resolvieron poner una guillotina sobre nuestras finanzas públicas y los tres más grandes bancos. Una medida exagerada si se tiene en cuenta que, aún en medio de la tormenta, las cifras y dinámica del mercado interno, en sectores como industria y agro, comienzan a repuntar. El argumento según el cual estamos llegando tarde a la situación de Brasil y ese será nuestro inevitable destino, no es admisible. Y no podemos permitir, cruzados de brazos, que con decisiones así se induzca un mayor deterioro de la economía. En lugar de subir tasas y recortar, las autoridades monetarias deben dar señales de fortaleza e independencia, lo que podría comenzar con una convocatoria a gremios, sindicatos y sectores políticos para proteger la credibilidad y la confianza en la economía.

Paz y economía necesitan consensos por el bien del país. Ojalá el gobierno y el ex presidente Uribe tengan un gesto de generosidad y grandeza. Ojalá, para comenzar, vayan a tomar café a la casa de Horacio Serpa. Si los países de la OCDE se dieron cuenta la semana anterior, ante la situación, sobre la necesidad de unificar sus políticas ¿No podremos, por encima de la mezquindad de la política, intentar algo parecido?

@herejesyluis

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