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Zuluaga no es Uribe pero si Santos no reacciona podría perder.
Como se pronosticó en esta columna desde noviembre de 2013, esta primera vuelta fue apenas un abrebocas de las elecciones que tendremos en tres semanas. Se puede decir que debate no hubo y en la “confrontación” los candidatos que pasaron anduvieron por unas ramas con forma de Hackers o denuncias no probadas, pero eso fue, lo vemos más claramente ahora, el calentamiento de motores para una segunda vuelta en que debe aparecer, más evidente, la orientación que los candidatos quieren dar al proceso de Paz.
El electorado debió pensar lo mismo y eso explica, en parte, el alto nivel de abstención. El voto en blanco se confirmó como quimera de pocos en cuanto la oferta política corresponde a las expectativas de quienes habitualmente votan, como lo hemos señalado repetidamente.
Los candidatos enfrentarán esta segunda vuelta “solos”, con su imagen y favorabilidad, para captar las preferencias de los sectores que hasta ahora no votaron por ellos. Deberán persuadirlos más allá de las alianzas entre organizaciones.
El empate Santos Zuluaga, por ahora Zuluaga Santos, tendrá nuevos invitados en una segunda vuelta en que los ex candidatos perdedores tomarán partido. Más que ellos, la opinión que votará libremente. Ahora, en ausencia de diferencias profundas (eso cree la gente) con relación a temas como economía, educación y salud, aparecerá con más fuerza el tema de la Paz.
Al presidente candidato no le queda más remedio que inclinar su candidatura hacia la izquierda, con un Estado que interviene para promover la igualdad y el crecimiento y reducir la pobreza para establecer diferencias con la propuesta de “Estado austero” que Zuluaga ha propuesto pero no ha necesitado explicar, aupado, en la popularidad del ex presidente Uribe, su mentor. También, salir al paso de la afirmación subliminal según la cual el éxito del proceso de Paz equivale a que Colombia comenzará a tomar el camino que ha recorrido Venezuela.
Para Zuluaga es más fácil: se trata de mantener la estrategia de cuestionar sin proponer que encuentra su caldo de cultivo en nuestro pasado de violencia y en los sentimientos negativos hacia la Paz concertada por parte de amplios sectores de la población. Siendo un candidato de origen y talante Conservador, como lo es, recurrirá al fortalecimiento de esa postura.
Las alianzas en segunda vuelta serán definitivas, más no tanto como la percepción de la opinión. ¿Votarán automáticamente por Santos los electores de Clara López o por Zuluaga los de Marta Lucia Ramírez si ellos se lo solicitan? Quién sabe. A estas alturas, con un censo electoral muy superior, Zuluaga no alcanza ni la mitad de los votos de su promotor en 2006, por ejemplo, aunque pueden estar más cerca de él buena parte de los votos conservadores que de Santos, hasta hoy, los votantes de izquierda.
En lo que falta el presidente Santos debe superar la ambigüedad que transmitió, hasta el arribo del expresidente Gaviria, su confundida campaña que fue percibida como una de políticos típicos y coroneles captando poca atención de amplios sectores de opinión. Al elaborar su fórmula no pensó en los votantes de izquierda que ahora necesita, pero el mismo Vargas Lleras se opacó sin desarrollar su potencial. Su discurso de la Paz, sin duda el que más le conviene a Colombia, fue neutralizado por la agenda “judicial” que propuso su oponente ¿Le alcanzarán estas tres semanas para explicarlo? Es hora de rectificar. Afortunadamente, para él, la campaña vuelve a comenzar.
@herejesyluis