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Uribe, a la mesa

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El ex presidente no puede hacerle el quite, por mucho tiempo, a la convocatoria del presidente Santos.

La semana que pasó  estuvo nutrida en noticias sobre el proceso de Paz. Entre ellas, la llegada de nuevos jefes militares de las FARC  a La Habana  y la invitación al expresidente Uribe para conversar  fueron las más importantes, señalando que nos acercamos a una hora de definiciones.

La llegada de “Romaña” y sus amigos se robó casi todos los titulares. De alguna manera se puso a prueba, ante la opinión, el proceso porque todos ellos fueron actores directos de muchos años de barbarie. Resultan naturales las reacciones de las víctimas y con ellas las de sectores políticos que han manifestado inconformidad con las características de la negociación. Sin conocerse una encuesta que nos corrobore, se siente que puede más entre la gente el propósito de Paz que el de retaliación, aunque las FARC no hubiesen, aún, reconocido a sus víctimas. Si hiciera falta, está el resultado de las recientes elecciones.

Lo ocurrido quiere decir, ni más ni menos, que estamos llegando al punto en que va a ser casi imposible “devolverse”. La presencia de la línea militarista de las FARC, casi en pleno, anuncia que estamos en el momento  de acordar asuntos como el cese al fuego y la dejación de las armas. Esa es la noticia de fondo a pesar del morbo que pueda generar  la presencia de ellos en La Habana.

Hemos tenido, también, noticias alentadoras  de lado y lado de la mesa: Las declaraciones de Pastor Alape, uno de los nuevos negociadores, señalando que observa factible el cese al fuego bilateral, coincidieron con las del procurador al  afirmar que sus observaciones tratan de “blindar el proceso”, al precisar sus mínimos: disolución de las FARC; reconocimiento de su condición de victimarios y reparación a las víctimas. Vale decir que en todas ellas coincide con el gobierno y su equipo negociador, como lo reconoció el mismo presidente.

En un momento  que  reclama de sus dirigentes más grandeza, propia de los asuntos de Estado, que  la rebatiña política del día a día, no faltan quienes tratan de avivar el fuego creyendo que con ello  “ganan” sectores de opinión  atrapados en la polarización. Lo que ocurre señala que el país vive ahora un momento diferente y el éxito inminente del proceso le va a dar un giro, también, a la política.

En el actual escenario el ex presidente Uribe, indiscutido líder de opinión; cabeza visible de la oposición al proceso o a su metodología  y quien en el pasado ha mantenido sintonía fina con el sentir de la gente al punto de ser elegido dos veces, no puede seguir  haciendo girar su  actividad política ni la de su movimiento en una oposición ciega frente  a un proceso que hoy tiene, más que nunca, altas probabilidades de éxito. Entre otras razones por cuanto este gobierno no ha desconocido el papel de sus gobiernos  en el fortalecimiento del Estado que se encuentra en el origen mismo de los actuales diálogos. Por demás, como él mismo  y los hechos lo han reconocido, es difícil descalificar ahora lo que su gobierno  intentó en su momento.

Por eso debemos tener, como es apenas natural, otros diálogos en Bogotá o en cualquier parte, entre el gobierno  y la oposición Uribista. Tarde o temprano a Uribe le debe  “ganar” su condición de ex presidente, que sobrepondrá un asunto de Estado crucial como conseguir la Paz, a las expectativas electorales en ciudades como Bogotá de sus amigos y a las cicatrices propias de la actividad política. Ya lo veremos.

@herejesyluis

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