Viaje, sin retorno, hacia el pasado

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Con una guerra comercial en auge; el desgaste del  modelo democrático que afronta, luego de la segunda guerra, su más grave periodo de dificultades,  y el regreso de los nacionalismos, pareciéramos ignorar las lecciones del pasado.

El aumento de aranceles a las exportaciones chinas a Estados Unidos y la respuesta, en los mismos términos desde Beijing, ya no deja dudas: nos encontramos ante una escalada proteccionista que nadie parece capaz de  detener. Después de décadas de iniciativas de gobiernos de todo el mundo promoviendo la liberalización comercial, esta afronta la peor amenaza desde la posguerra.

El acuerdo general de aranceles y comercio, GATT, hace 70 años, buscaba aprovechar las ventajas del libre comercio para promover bienestar y crecimiento, tarea que hace ahora la OMC. Una respuesta razonada a causas y efectos de dos guerras mundiales. ¿Filantropía? La cláusula de nación más favorecida ha sido un instrumento eficaz en el logro de esos objetivos que, en su momento, sirvieron para integrar a China al mercado mundial luego de la regularización de relaciones con Estados Unidos en los 70s. No podemos olvidar que, paradójicamente, también fue un gobierno republicano, el del presidente Nixon, el que promovió su inclusión.

La influencia positiva del libre comercio, en la práctica la extensión de  ventajas comparativas, se puede verificar, al margen de ideologías y pre conceptos, en las cifras de expansión de la economía y mejoramiento del nivel de vida de la población mundial en los últimos 60 años. El PIB per cápita mundial, por ejemplo, creció 11 veces desde 1960.Pese a las crecientes necesidades y desigualdades, la tasa de incidencia de la pobreza se redujo 3.7 veces en los últimos 40 años y la esperanza de vida aumentó desde 52 hasta 72 años entre 1970 y 2015.Resultados difíciles de controvertir.

¿Es el desbalance comercial de los Estados Unidos con China argumento suficiente para resquebrajar las relaciones, y, peor aún, poner patas arriba el comercio y la economía mundial? Si lo observamos con la óptica de la razón y la experiencia, evidentemente no, pero en el medio se encuentra la política y los intereses de un gobierno que, como el de Trump, llegó al poder con la promesa de recuperar  empleos perdidos en sectores marginales de su país.

Ahora que las exportaciones Chinas a Estados Unidos sienten el impacto del alza de aranceles  los sectores industriales que utilizan esas importaciones verán encarecer su producción. Por esa vía, perderán una competitividad que ya ha sentido la subida del dólar. Su influencia en el empleo puede producir un efecto de suma cero. Otros efectos serán el incremento de precios,  que afectará salarios y utilidades.

Mientras tanto, la históricamente consistente y estable diplomacia norteamericana da bandazos  inesperados. En su momento Nixon y Kissinger  observaron un inmenso potencial en el mercado chino. Ahora, cuando, sin compararse con la capacidad de compra del norteamericano, ha subido sus estándares, ¿Ya no es de su interés? Si se observan las cosas en el largo plazo valdría la pena esperar.

El neo proteccionismo “atiende” a China pero hace lo mismo con la Unión Europea, convertida en sándwich entre la presión Rusa, y el gas,  y la norteamericana que alienta un Brexit duro. Así lo hizo ver, aunque luego parcialmente se desdijo, el presidente Trump la semana pasada. La postura del nuevo gobierno Italiano frente a la inmigración ya hace pensar a algunos sobre la salida de Italia, “Italexit”, de una Unión, que también siente la mayor presión en mucho tiempo.

La construcción de la Unión Europea fue producto de la mala experiencia de las guerras que hizo soñar en la unidad política; del conocimiento disponible que logró explicar las bondades de la especialización en un mercado ampliado. El ingreso de China a la comunidad internacional y al comercio mundial apuntaba en la misma dirección, añadiendo un factor pragmático: mejor integrar que confrontar.

El retorno de los nacionalismos desafía el incipiente y frágil orden internacional. Se está armando un gran desorden que contradice las necesidades y posibilidades del progreso técnico alcanzado y la sociedad digital. Sin ninguna razón, diferente al egoísmo impuesto por la política del día a día, volvemos a un pasado que muy pocos añoran.

@herejesyluis

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