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El dilema de Arabia Saudita

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El alzamiento de los rebeldes en Libia amenaza con interrumpir toda la producción del país.

Hasta hace pocos días la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) sostenía que el mundo estaba bien abastecido de petróleo, con base en los argumentos de que no se han rechazado compradores y que los inventarios se han mantenido altos.

Por esa razón no había la disposición de la Organización a abrir producción. La capacidad excedente global es de 6 millones de barriles por día (B/D) —4,5 millones de B/D de Arabia Saudita—.

Pero esa es una verdad a medias, porque aunque una parte del mundo está bien abastecida, concretamente la Norteamérica continental (marcado como West Texas Intermediate – WTI), ello no es cierto para el resto del mundo. En Europa, no obstante la complicada situación económica, los inventarios de crudo han alcanzado su nivel mas bajo en los últimos seis años para esta época, como resultado de la demanda de las economías asiáticas, que ha movilizado inmensas cantidades de petróleo hacia el Oriente.

Durante 2010 los inventarios en Europa y en el Mediterráneo se redujeron en 220 millones de barriles, lo cual representa un descenso de cuatro días en la cobertura de la demanda global, nivel no visto desde la segunda mitad de 2008.

La causa efectiva es que entre el segundo y el cuarto trimestre de 2010 el consumo global aumentó en 2,2 millones de B/D, mientras el suministro aumentó en 900 mil B/D, lo cual desmiente los argumentos de la OPEP de que el mundo está bien abastecido.

Esta situación no debe sorprender, pues la organización siempre ha sido más lenta para detener un aumento de precios que para evitar que los precios bajen. Además, la OPEP ha pospuesto para junio su reunión ordinaria, originalmente pautada para marzo.

Es cierto que los precios reflejan un “premium” de riesgo por la explosiva situación en el Medio Oriente. Pero es de anotar que hace un año los voceros oficiales de la monarquía saudita anunciaban que aumentarían producción si los precios excedían US$80/barril, cosa que no ocurrió a pesar de que el precio promedio para 2010 superó los US$98/barril.

En días recientes la región se ha ido convirtiendo en un verdadero polvorín, pero también ha ido quedando claro que los altos precios obedecen a los dos componentes: el psicológico y el del desbalance entre oferta y demanda.

El creciente alzamiento de los rebeldes en Libia amenaza con interrumpir toda la producción del país, la cual antes se ubicaba en un poco más de 1,6 millones de B/D. Ya se acumulan más de 300 mil B/D de cierres voluntarios por parte de un grupo de empresas petroleras, entre ellas Repsol, ENI, Wintershall y Total, mientras Shell, OMV y Suncor están sacando a sus trabajadores del país.

A eso se ha sumado la destrucción de instalaciones por parte de las fuerzas de Gadafi, a lo cual afortunadamente pondrá fin la zona de no-vuelo de la OTAN.

En este escenario, Arabia Saudita se ha visto obligada a abrir producción, cosa que ha venido haciendo discretamente. La monarquía enfrenta un reto complicado.

El crecimiento poblacional, sumado a la creciente brecha socioeconómica entre los principados y la población que integra la estructura tribal, en especial las tribus de la minoría shiita, parecen comprometer la estabilidad del gobierno.

El rey Abdullah ha venido impulsando la desregulación de los mercados y la educación para todos. También ha venido intentando estandarizar la aplicación de las leyes religiosas y reducir la discriminación femenina. Sin embargo, la disparidad de las fuerzas que están actuando en la región hace que no sea nada fácil para la monarquía definir los caminos a seguir.

Entre otras cosas, el abrir producción puede ser visto por las fuerzas más radicales como una concesión al mundo occidental. Se trata de mantener un balance apropiado entre la importancia de Arabia Saudita como el mayor suplidor global de petróleo, incluyendo la inconveniencia de la volatilidad de precios, y la necesaria estabilidad política y religiosa internamente y en la convulsionada región.  Seguramente muchas mentes estarán atormentadas por los recuerdos de la revolución Iraní en 1979, que condujo a la deposición del régimen del sha Reza Pahlevi.

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 lgiusti@csis.org

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