Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Los países productores del combustible, en su gran mayoría, no han tenido buen desempeño en el manejo de sus finanzas.
El petróleo ha sido el principal motor del desarrollo de las economías modernas, pero su abundancia no es suficiente para alcanzar grandes logros económicos y mejorar sustantivamente los niveles de vida.
Poco antes de su colapso, la Unión Soviética era el mayor productor mundial de petróleo y gas natural, pero su desempeño económico era pobre y el ingreso de los soviéticos era apenas una fracción del ingreso de los alemanes y franceses, a pesar de que éstos tenían que importar todo el petróleo y el gas natural que necesitaban.
En la mayoría de los integrantes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) los fabulosos ingresos por exportaciones a lo largo de muchos años no se han traducido en importantes avances económicos y sociales.
La historia nos muestra que en general los países ricos en petróleo no han tenido buen desempeño económico y que países pobres en petróleo, bien manejados, han tenido mejor desempeño y mejores ingresos per cápita.
El rezago de la evolución económica de los países petroleros se hizo más pronunciado y evidente a partir de 1970, cuando se dispararon los precios y se multiplicaron sus ingresos. Fue por eso que Juan Pablo Pérez Alfonzo, quien fuera ministro petrolero en Venezuela, calificó el petróleo como una maldición que provoca desperdicio, corrupción y excesivo consumismo. El tiempo pareció darle la razón, pues los ciclos de altos precios provocaron grandes desajustes en la mayoría de los países petroleros.
La situación es similar en el plano político, en cuanto a estabilidad de los gobiernos y de las instituciones civiles, además de la seguridad.
Solamente hay dos países petroleros no-occidentales —Qatar y Emiratos Árabes Unidos— cuya situación política y estabilidad no son causas de preocupación crónica y ansiosa especulación.
Existe permanente preocupación acerca de la mayoría de los países de la OPEP, relativa a su estabilidad en el largo plazo, en especial en Arabia Saudita, Irán y Nigeria.
Las preocupaciones se han exacerbado con la explosiva situación en el Medio Oriente. Tampoco es muy clara la situación en Venezuela. En el caso de Arabia Saudita, existen dudas sobre la vigencia de la monarquía en el largo plazo, aunque hace varias semanas se aprobó una asignación de US$130.000 millones para programas sociales como prevención ante el contagio de la revolución en la región.
A Irán se le caracteriza como una potencia ideológica con planes de expansión para convertir al Medio Oriente en una región shiita, para lo cual cuenta con el petróleo y la controversial energía nuclear.
En Nigeria la producción petrolera en el delta del Níger ha sido repetidamente interrumpida por los rebeldes, quienes vuelan oleoductos y terminales y secuestran trabajadores y ejecutivos petroleros. Allí la interminable disputa entre el gobierno federal y la región del norte musulmán ha provocado pronósticos de una masiva guerra civil. El actual caso de Libia, resultante en una caída de producción de 1’500.000 barriles por día, constituye una clara muestra del problema.
Ese recuento ha llevado a políticos y activistas a proponer una reducción de la adicción a las importaciones petroleras del Medio Oriente, mediante el desarrollo de combustibles líquidos alternativos. Esa propuesta no tiene verdadera factibilidad.
Todas las opciones alternas constituyen posibilidades de largo plazo no confirmadas, en especial en lo tocante al sector de transporte. Inclusive, las posibilidades de la más prometedora actualmente, el etanol, están dirigidas a nichos para volúmenes relativamente modestos, además de los necesarios subsidios.
Por otra parte, los temores acerca de posibles embargos petroleros tienden a ser exagerados. La mayoría de los exportadores de petróleo dependen de esas exportaciones para su supervivencia, razón por la cual algún embargo prolongado es muy improbable. Una palpable muestra de ello está en las repetidas amenazas del gobierno venezolano de suspender las exportaciones petroleras a Estados Unidos, amenazas sonoras pero huecas.
No obstante, es conveniente reconocer que después del acto terrorista de Nueva York nunca puede descartarse del todo algún atentado de corte talibán que pueda interrumpir producción petrolera.
Para concluir son relevantes las preguntas: ¿Tuvo acaso razón Pérez Alfonzo? ¿Es acaso el petróleo abundante una maldición? La respuesta categórica es NO. Todo lo contrario, es una bendición de la Providencia. No pueden achacársele al petróleo los males derivados de mala administración, malas políticas económicas, monetarias y cambiarias, corrupción y desperdicio. El petróleo dominará la escena energética por muchas décadas más.
Aquellos países que lo poseen en abundancia tienen una indudable ventaja, una poderosa palanca que bien utilizada puede impulsar un desarrollo económico estable y definitivo. En Latinoamérica Brasil, Venezuela, Colombia, Argentina, Bolivia, Ecuador y Perú tienen buenas oportunidades. El reto está en saber aprovecharlas.