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Uribe, el republicano

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SI USTED QUIERE PERDER ELECCIOnes busque la asesoría del presidente Uribe. Las que gana son las que lo eligen a él. Las últimas dos para Alcaldía de Bogotá, las municipales de octubre pasado en Medellín y Cali, el referéndum de 2003, entre otras, así lo confirman.

Pero donde creo que se reflejará su fracaso rotundo será en los comicios del próximo mes de noviembre, en los que viene apostando sin ningún pudor por el candidato republicano. Con el agravante de que de salir derrotado no sólo perderá un socio ideológico, sino que pondrá en riesgo su propia reelección; sea la de 2010, 2014 o cuando se le dé la gana irse.

 Durante estos seis años, el Gobierno colombiano ha actuado con la partitura impuesta por el gobierno Bush. Fue el único en Suramérica que le avaló la aventura de la invasión a Irak. La negociación comercial ha sido a imagen y semejanza de las necesidades del departamento comercial de allí. La cultura de guerra fría se reproduce acá con la misma vehemencia que la impulsan los grupos más reaccionarios allá. La política antidrogas no ha cambiado en lo más mínimo, habiéndosele comprobado que sus resultados siguen siendo un fiasco. Pero lo más grave es que esa incondicionalidad del presidente Uribe al actual gobierno de Estados Unidos lo ha aislado de quienes tienen amplias posibilidades de gobernar ese país: los demócratas.

Mientras Obama reivindica en su campaña la política del buen vecino del presidente Roosevelt, que permitió entre otras cosas que a los mexicanos en su momento se les respetara el proceso de nacionalización del petróleo, McCain afirma que la actual administración de la Casa Blanca ha sido blanda en confrontar en Latinoamérica y que colocará al mismo nivel de sus prioridades beligerantes a esta región tal como acontece hoy con Afganistán, Medio Oriente e Irak. Y su discurso no es solamente mirando el área andina, sino también Brasil, Argentina y Paraguay cuando señala que esa frontera es tierra de nadie para los contrabandistas. Ni Trinidad Tobago se salva. La señala como un fortín del radicalismo musulmán, con todas las implicaciones que ello conlleva.

Y en nuestro caso, como país, sería un absurdo jugar a esa agenda, pues eso es precisamente lo que pretende el presidente Chávez. Tener un sparring que se asimile al mal para tener una justificación a lo que él siempre ha pretendido: ser el Bolívar vía internet de esta época. Ello llevaría a una polarización aún mayor de la región, en donde no habría intermedios y de esa pelea de borrachos no se salvaría nadie. Eso ya lo hemos podido ver en estos días, cuando a la afirmación de la señora Sarah Palin, de que en la eventualidad de que Rusia no respete la autonomía de Georgia habría guerra, el Kremlin respondió con la presencia de Pedro el Grande en aguas venezolanas, que no es precisamente un crucero del amor, sino el barco insignia de Moscú, adecuado para una guerra atómica.

El palo no está para cucharas. No pretendo exagerar. Aquí se está cocinando un nuevo escenario de guerra fría. Y la ingenuidad del presidente Uribe de creer que el riesgo está en los trabajadores de la caña es macondiana. En lugar de estar contradiciéndose permanentemente sobre la verdadera fuerza de las Farc, debería hacer una ofensiva diplomática hacia el Partido Demócrata, para, en estos dos meses, por lo menos salvar el honor. Frecuentar solamente a los republicanos lo pone en riesgo de que le echen la culpa de las estupideces que dice la señora Sarah, cuando ella logró constatar después de largas horas de meditación que los vecinos son países extranjeros. Hasta curso de inducción tuvieron que hacerle antes de recibir al mandatario de los colombianos, en el que se tomaron bastante tiempo explicándole que Uribe se escribe sin hache de hecatombe y que la b no es la misma con la que se escribe Valencia Cossio.

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