El cartel de la empanada

Luis Felipe Henao
18 de febrero de 2019 – 12:00 a. m.

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A propósito de la absurda multa impuesta por la compra de una empanada en la calle, me puse a revisar qué otras perlas hay en el Código Nacional de Policía y los hallazgos son incluso más insólitos. Lavar muebles en la calle, sacar la basura por la noche y transportar perritos en un bus podría ser sancionado con multas aún más altas. Hay otras normas tan absurdas como sancionar actos que tengan por objeto “limitar u obstruir las manifestaciones de afecto y cariño” o participar en apuestas que involucren, por ejemplo, las carreras de conejos que se hacen en el centro de Bogotá. Es un Código pensado más para Dinamarca que para Cundinamarca, en donde todos estamos acostumbrados a realizar cosas en el espacio público que en nada afectan la seguridad pública.

Lamentablemente este problema no es solo del Código de Policía. El Código Penal está lleno de figuras totalmente absurdas e incoherentes que son el fruto del populismo punitivo y no de una política criminal para la prevención y la lucha contra el delito. Muchas de las reformas penales realizadas se han centrado simplemente en aumentar las penas para que los delitos tengan medida de aseguramiento, pero a veces las consecuencias de esta política son totalmente ridículas. Hace unos años muchas personas se alarmaron con la condena a varios años de prisión de una persona que se robó un caldo concentrado, pero a la vez se aplaude cada vez que se aumentan las penas del hurto.

Con la típica frase de que todos los delitos tienen que tener medida de aseguramiento para que la gente no se vuele, en más del 80 % de los procesos en Colombia podría haber una detención preventiva. Lo que es más grave es que en nuestro país muchas personas piensan que cuando se ordena la detención de una persona ya está condenada y que por eso no importa que pase años en la cárcel antes de que su sentencia esté en firme. Al final es un sistema absurdo, porque si se absuelve a la persona el Estado debe pagarle millones de pesos para indemnizar los errores de la justicia.

En otros casos pasa todo lo contrario: el 30 % del Código Penal tiene figuras sin utilidad alguna por su mal diseño. Por ejemplo, los delitos de injuria y calumnia en Colombia no tienen efecto. Una persona puede arrasar con la honra de otra y si se retracta ni siquiera le aplican la multa aplicable a comerse una arepa de huevo en la calle. Otros delitos, como los ambientales o gran parte de los económicos, están tan mal redactados que resulta casi imposible condenar a una persona por ellos.

Colombia debe repensar su política criminal. No podemos seguir haciendo leyes absurdas que terminen afectando más a los ciudadanos trabajadores que simplemente rebuscan su sustento que a los jefes de las bandas criminales que al final se ríen de la justicia. Al final llegaremos al absurdo de sancionar más al cartel de la empanada que al de la toga.

P. D. Muy grave la denuncia de Germán Vargas, donde señala que el plan de aceleración de Hidroituango se hizo en contra de las recomendaciones técnicas de la interventoría y asesores internacionales. ¿Qué se está escondiendo a la opinión pública?

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