Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
La propuesta de imponer prisión perpetua a los violadores de niños no solamente va en contra de todas las garantías penales, sino que además terminará afectando más a los propios menores, pues haría indestructibles los infames pactos del silencio que reinan frente a estos abusos en nuestra sociedad.
En primer lugar, esta propuesta desvía la atención del verdadero problema: la necesidad de proteger a los niños al interior de sus propias familias. Los abominables casos de Yuliana y Génesis, en los cuales los autores son extraños, no son la regla sino la excepción. Más del 70 % de los casos de abuso sexual se presentan al interior de las familias y son cometidos por padrastros, tíos y abuelos en los que reina el más estricto pacto de silencio. El miedo a las represalias, a un divorcio o a romper una hipócrita “estabilidad familiar” hacen que reine la impunidad.
En segundo lugar, está totalmente demostrado que no es posible convencer al pedófilo de no cometer el delito pese a que se aumente la pena. La pedofilia es considerada como una parafilia por el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-V) y por ello constituye un trastorno mental en el cual el individuo no puede desmotivarse por el castigo. Por supuesto que el abuso sexual de menores debe tener la pena más alta, pero no porque se piense ingenuamente que aumentándola se puede disuadir al pedófilo, sino porque es un crimen atroz.
En tercer lugar, la medida sería totalmente inocua en Colombia. La prisión perpetua revisable aplicada en España, Alemania o Italia es menos grave que las penas de nuestro Código Penal. En Colombia a una persona condenada por estos delitos se le condena a una prisión de 50 años, que por mucho podrá reducir a 35 por estudio o trabajo. En cambio, los sistemas de prisión perpetua revisable permiten que se obtenga la libertad condicional a los 25 años y a partir de allí cada dos o cinco años de acuerdo al sistema.
Lo único que dejaría la cadena perpetua es una falsa sensación de tranquilidad, cuando por el contrario los pactos de silencio serán mayores por el miedo que tendrán los testigos de condenar a perpetuidad a sus familiares. Por eso, más que imponer la cadena perpetua hay que romper la cadena del silencio a través de medidas concretas: 1. Estos delitos deben ser imprescriptibles. 2. Hay que ofrecer apoyo a quienes denuncien estos crímenes en el ámbito familiar. En un país machista muchos no denuncian por miedo a ser abandonados y quedarse sin recursos. 3. Lo más importante es proteger a los niños, permitiendo que estén más tiempo en el colegio o en actividades deportivas o artísticas si sus padres tienen trabajos que no les permiten cuidarlos en las tardes. Los niños y niñas no son violados en lugares públicos, lo son mientras están solos o, lo que es peor, dejados al cuidado de los propios abusadores.
También le puede interesar: “Falsos positivos: 10 años esperando justicia”