La profecía de Luis Carlos Galán

Luis Felipe Henao
19 de agosto de 2019 – 12:00 a. m.

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En uno de sus discursos Galán señalaba: «la justicia, como la libertad y la vida, tenemos que conquistarla todos los días. La lucha por estos ideales no termina nunca». Y no ha terminado, por el contrario, se cumplió su profecía que anunciaba que “cuando se elimina a veces a los hombres, se robustecen las ideas”. Eso ha sucedido con el legado de un hombre extraordinario cuyos pensamientos son ahora más vigentes que nunca.

La primera cruzada que dirigió Galán fue contra la corrupción y la politiquería que tenía totalmente enfermos a los partidos políticos. Denunció abiertamente que estos se habían convertido en “organizaciones y poderes paralelos al Estado que atienden a sus propios intereses y no al bienestar del Estado”. Por ello creó el Nuevo Liberalismo para cambiar profundamente la forma de hacer política y hacer que ésta sirviera a la comunidad y no a intereses personales. Su frase más famosa que repitió muchísimas veces enmarca el concepto que tenía sobre la política: «En mi vida pública no tengo ambiciones, lo que tengo es responsabilidades”.

Otra de sus preocupaciones fue la construcción de una verdadera democracia. Galán era un convencido de la participación democrática de los ciudadanos en una época en la cual la Constitución de 1886 construyó una barrera a partir de la democracia representativa que colocaba a los partidos políticos en un pedestal inalcanzable para las personas. Por ello defendió la participación de las minorías y la necesidad de transformar profundamente el sistema electoral. Su legado quedó plasmado en la Constitución de 1991, que fortaleció los mecanismos de participación directa como el referendo, el plebiscito y la consulta popular y creó otros muchos como la tutela y las acciones populares.

Criticó la polarización y pese a la firmeza de sus denuncias, el carisma de Galán le permitía lograr consensos en torno a los problemas principales del país. Lejos de la polarización actual en la cual algunos consideran que entre más grandes sean sus insultos más fuertes son sus argumentos, Galán decía de manera contundente: “40 años de violencia casi continua, a veces volcánica, sanguinaria y generalizada nos han enseñado que la intransigencia y el fanatismo solo conducen al dolor y la frustración”.

Finalmente, su principal legado fue su batalla frontal contra el narcotráfico del cual señalaba que era “una de las amenazas más terribles que existen contra la libertad y la justicia en el mundo”. Esta cruzada no se limitó a los discursos, pues gracias a él se desenmascaró el plan criminal de Pablo Escobar y sus aliados de apoderarse del Congreso y desde entonces tuvieron que refugiarse en la clandestinidad. ¿Qué hubiera pasado si Galán no hubiera expuesto a Pablo Escobar?  La respuesta es sencilla: con el dinero sucio del narcotráfico este terrorista o uno de sus secuaces hubiera sido presidente de Colombia, manchando para siempre la legitimidad de nuestra patria. Galán lo evitó.

Al final Galán tenía razón, los problemas más grandes de Colombia eran y siguen siendo la corrupción, la politiquería, la desigualdad, la violencia política y el narcotráfico. Lamentablemente, no lo tuvimos como nuestro presidente para solucionarlos, pero nos dejó sus ideas como legado para corregirlos. Como en una tragedia griega Galán cumplió su promesa: “A los hombres se les puede eliminar, pero a las ideas no. Y al contrario, cuando se elimina a veces a los hombres, se robustecen las ideas”.

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